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COACH CORNER: Más tecnología, menos atención al cliente

“Sin importar el tipo de negocio en el que estén, muchas empresas se metieron a la ola de automatización de servicio al cliente con resultados totalmente contrarios a lo esperado”.

Por: Doctor Virgilio A. Cordón

En los últimos años, muchas empresas han acelerado la implementación de soluciones automatizadas para atender a sus clientes: chatbots, aplicaciones móviles, contestadoras inteligentes, formularios digitales, sistemas de tickets e inteligencia artificial. En teoría, estas herramientas prometen rapidez, eficiencia, reducción de costos y disponibilidad las 24 horas.

 Sin embargo, en la práctica, muchas organizaciones están descubriendo un efecto contrario: clientes más frustrados, menos leales y cada vez más dispuestos a cambiarse de proveedor. Sobre todo los clientes de mayor edad que han sido clientes por años, pero que no están familiarizados con la nueva tecnología.

El problema no está en la tecnología en sí. La automatización puede ser una gran aliada cuando está bien diseñada. El verdadero problema surge cuando las empresas sustituyen el criterio humano por sistemas rígidos que no resuelven, no escuchan y no ofrecen una salida clara. El cliente llama por teléfono y se encuentra con una contestadora que le da diez opciones, ninguna relacionada con su necesidad real. Después de varios intentos, logra llegar a una opción para hablar con una persona, pero nadie contesta, la llamada se corta o lo transfieren de un departamento a otro sin solución. Si decide ir presencialmente, le indican que “eso solo se puede hacer por la aplicación”, aunque la aplicación tampoco funciona correctamente. El resultado es evidente: el cliente se cansa, se desespera y busca una empresa “menos moderna”, pero más humana y resolutiva.

¿Por qué está pasando esto? Una primera causa es que muchas empresas han implementado tecnología con una lógica de reducción de costos, no de mejora de la experiencia del cliente. Al despedir o reducir drásticamente al personal de atención, eliminan justamente a quienes podían interpretar casos complejos, contener la molestia del cliente y encontrar soluciones fuera del guion. La automatización se vuelve entonces una barrera, no un puente.

Una segunda causa es la fragmentación interna. Muchas empresas tienen canales digitales, telefónicos y presenciales que no están conectados entre sí. El cliente cuenta su problema por teléfono, luego lo repite en el chat, después lo vuelve a explicar en una agencia, y aun así nadie tiene el historial completo. Cada área trabaja con información parcial y, por eso, nadie se siente responsable de resolver el caso de principio a fin.

Una tercera causa es la falsa idea de que modernizar significa eliminar el contacto humano. En realidad, las mejores experiencias de servicio combinan tecnología y atención personalizada. La tecnología debe resolver lo simple: consultas frecuentes, pagos, estados de cuenta, citas, seguimiento básico. Pero cuando el problema es complejo, urgente o emocionalmente sensible, el cliente necesita hablar con alguien capacitado, con autoridad y con voluntad de resolver.

“Las empresas ofrecen más conectividad pero menos soluciones. Más modernos, pero menos humanos. Más eficiciencia,  menos servicio. Más digitales,  menos disponibles”.

¿Qué pueden hacer las empresas para evitar perder clientes? Primero, deben revisar el recorrido real del cliente. No basta con diseñar procesos desde una sala de reuniones del departamento de IT (que entienden poco o nada de servicio). Hay que llamar al propio call center, probar la aplicación, usar el chatbot, visitar una agencia y experimentar lo mismo que vive el cliente. Solo así se detectan los puntos donde el sistema falla.

Segundo, toda solución automatizada debe tener una salida humana clara. Si un chatbot no entiende el problema después de dos o tres intentos, debe transferir a una persona. Si una contestadora no ofrece la opción correcta, debe permitir hablar con un asesor. Si una aplicación falla, debe existir un canal alternativo.

Tercero, las empresas deben capacitar y empoderar al personal de servicio. No sirve tener asesores que solo repiten “no se puede” o “debe hacerlo por la aplicación”. El personal necesita criterios claros, acceso a información, capacidad de escalar casos y autoridad para resolver ciertos problemas sin burocracia excesiva.

Cuarto, es fundamental medir indicadores de experiencia, no solo eficiencia. No basta con saber cuántas llamadas atendió el sistema o cuántos tickets cerró el chatbot. Hay que medir cuántos problemas se resolvieron en el primer contacto, cuántos clientes abandonaron el proceso, cuántas llamadas se cortaron y cuántos usuarios terminaron migrando a la competencia.

La tecnología debe facilitar la vida del cliente, no complicarla. Automatizar sin escuchar puede ahorrar costos en el corto plazo, pero puede destruir la confianza en el largo plazo. Las empresas que ganarán la preferencia del mercado no serán necesariamente las más automatizadas, sino las que logren combinar eficiencia digital con sensibilidad humana. Porque al final, el cliente no busca hablar con una máquina ni con diez departamentos: busca que alguien entienda su problema y lo resuelva. ¡Éxitos!.

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