Por María Renee Estrada
En la creación del arte, el ser humano encuentra la plenitud de quien realmente es. A través de esta es posible expresar ideas, creencias y emociones que de otra manera no tendrían voz. El arte permite a la persona, en alguna medida, alcanzar la trascendencia que tanto anhela. Sumado a esto, y no menos importante, tiene el gran potencial de generar empleos, emprendimientos, inversión y un gran desarrollo económico.
En Guatemala, por alguna razón, es poca la atención que le prestamos al ámbito artístico y cultural. Quizá estamos enfocados en otras necesidades que consideramos más importantes, o quizá no tenemos conocimiento sobre el alcance social y económico que representan las industrias creativas para el desarrollo. En cualquier caso, no podemos ni debemos seguir ignorando un sector que, además de imprescindible, tiene un alto potencial. El pasado diciembre, en el marco de la presentación ante el Congreso de la Ley Nacional de Cinematografía Guatemalteca, la revista Data Export publicó que “Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en 2001 en Guatemala se generaban alrededor de 731 mil plazas de trabajo de manera directa e indirecta a través de la economía naranja (industrias creativas), con una proyección de incremento anual del 8 por ciento.”
Al indagar sobre el panorama actual de la industria, podemos encontrar obras de alta calidad y temáticas interesantes que han surgido de mentes guatemaltecas, tales como: Capitán Orellana, de Luis Tercero; Abrazos, de Luis Argueta; Cápsulas, de Verónica Riedel; Septiembre, de Kenneth Müller e Ixcanul, de Jayro Bustamente. Una de las grandes virtudes del arte, en este caso del cine, es justamente poder conocer la realidad desde la perspectiva de cada artista. Y es que, aunque la realidad es una, la percepción y experiencia que cada persona tiene de la misma es única y completamente válida; Las historias que pueden surgir a raíz de la creatividad de la persona son infinitas. Aunado a esto, el cine nos permite cultivar la virtud de la empatía. En una sociedad en la cual todavía nos falta camino por recorrer para sanar heridas del pasado, el arte es una excelente forma de buscar ese alivio.
La iniciativa de Ley de Cinematografía Nacional es una propuesta inclusiva y consensuada, palabras mayores en Guatemala, la cual busca fomentar la inversión local e internacional además de dotar de certeza jurídica a toda la industria en el país. Es importante volver a destacar que la misma tiene el objetivo de impulsar un sector que promueve el arte y la cultura, elementos esenciales para la vida en sociedad y el desarrollo integral de la persona, así como promover el desarrollo económico del país a través de industrias disruptivas e innovadoras.
Además, este proyecto de ley tiene la capacidad de triplicar la cantidad de películas nacionales y coproducidas en el país, de fortalecer los vínculos comerciales con países más desarrollados, y de ampliar y mejorar la oportunidad de que cineastas se interesen por incluir locaciones guatemaltecas en sus producciones.
¿Qué estamos esperando?


































