Por: Jeraldine del Cid
Columnista de PERSPECTIVA
Viene el 10 de mayo y en Guatemala es un día muy especial. Lo es también para mí, pues tengo una madre maravillosa que me ha dado un excelente ejemplo de mujer, a quien agasajo ese día de modo más especial. Pero es además un día para reflexionar sobre las mujeres madres guatemaltecas y sus múltiples dificultades.
Aparte claro, de toda la reflexión necesaria respecto a que este día se ha explotado mercadológicamente para hacer comerdio. Y que, en lugar de ofrecer regalos que disfruten directamente ellas, se ofrecen artículos para la cocina, la labandería, etc. como si fuera el único ámbito que les corresponde.
Me centraré específicamente en las condiciones de las madres en el mercado laboral. Resulta que nuestra sociedad exalta sobremanera la figura maternal, se expresa en la publicidad y públicamente en general. Sin embargo, cuando de trabajo se trata, las madres pierden el gran valor que los discursos y en el comercio explotan.
La participación de las mujeres en el mercado de trabajo es de por sí muy baja, del total de mujeres en edad de trabajar, el 41.3% está efectivamente en la Población Económicamente Activa (PEA). En el caso de las madres, el40.4%. En las mujeres sin hijos el 43.6%, lo cual indica que estas participan un poco más. Si se observa la tasa de subempleo, que indica que se trabaja menos tiempo del que se quisiera, es menor en mujeres sin hijos (12.4) que con hijos (16.4).
Ahora bien, los datos sobre informalidad en el empleo muestran que las mujeres sin hijos están en este sector de la economía en un 68.8%, mientras las mujeres madres en un 76%. Esto se debe a múltiples factores, uno de ellos que las mujeres con hijos requieren más flexibilidad como la que les permite un trabajo informal».
Otro dato con una marcada diferencia es la escolaridad promedio en mujeres de la PEA. Las mujeres madres reportaron 5.8 años de escolaridad promedio (uno menos que el promedio total nacional), mientras que las mujeres sin hijos, 8.8 años. En la mayoría de casos las mujeres detienen su proceso académico al convertirse en madres.
Esto hace parte de factores estructurales del sistema que limitan la superación de esta problemática. Por un lado no existen incentivos ni mecanismos para que las madres continúen su formación; y por otro, no se ha promovido de manera sistemática una mejor educación sexual y de planificación familiar. Estos hacen parte de las causas de las altas tasas de fecundidad juvenil (este tema se abordará en una columna posteriormente).
Finalmente, uno de los datos más reveladores es la distribución porcentual de categoría ocupacional. En el caso de las madres, el 41.8% participan en el mercado laboral como trabajadoras por cuenta propia no agrícola (TCPNA), le sigue el 23.9% de empleadas privadas, el 10.5% de trabajadoras no remuneradas (TNR), el 8.9% de empleadas en el gobierno. Mientras que para las mujeres sin hijos la distribución es muy diferente: 44.2% de empleadas privadas, 22.8% de TNR, 11.7% TCPNA y 8.2% empeladas de gobierno.
Con estos datos podemos observar que el sector privado es en el que se ven mucho más afectadas las madres. Por un lado está el discurso mercadológico de exaltar a la madre, pero cuando de condiciones adecuadas de trabajo se trata, se las excluye y se opta por mujeres sin hijos. Terrible e hipócrita contradicción.
Referencia: INE, ENEI 1-2014
Correo: jeraldinedelcid@gmail.com
Twitter: @jeraldinedelcid