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viernes, mayo 1, 2026

Desarrollo y emprendimiento (I)

Por César Melgar

La creación de nuevas empresas y la innovación en las formas de producción, son esenciales en pleno siglo XXI, para que los países en vías de desarrollo puedan alcanzar mayor prosperidad.


 

Revisando la definición del vocablo en el Diccionario de la Real Academia Española,  emprendimiento es “acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”. La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), recomienda utilizar la palabra “emprendimiento”, en lugar de emprendurismo, emprendedurismo o emprendeduría. Además, nos indica que dicha palabra es la apropiada para “aludir al espíritu emprendedor o el ímpetu por iniciar algo, en sentido empresarial”. Esta definición va en consonancia con la que nos presenta El Monitor Global de Emprendimiento (GEM, por sus siglas en inglés): “cualquier intento de creación de un nuevo negocio o empresa nueva, como el autoempleo, una nueva organización comercial o la expansión de un negocio existente, por un individuo, un equipo de individuos o un negocio establecido».


Por otro lado, hay opiniones en la cuales, el emprendimiento no solamente es el simple hecho de iniciar un negocio. Según Castaño y Carrasco (2008), emprendedor es aquel, que es capaz de ser innovador y romper con la forma tradicional de hacer las cosas (o en otras palabras, la definición del “empresario innovador”, realizada por el economista  austro-estadounidense Joseph A. Schumpeter). Entre las innovaciones que podría aportar este tipo de empresario, tenemos: a) la creación de un nuevo bien, b) la introducción o mejora de un proceso de producción, c) la elección de una fuente de oferta nueva y más barata de medios de producción, d) la apertura de nuevos mercados, y e) el cambio de organización en los negocios (Schumpeter, 1912, citado por Landoni, 2015). Y esta definición es parecida a la que nos brinda el Instituo de Emprendimiento Global y Desarrollo (GEDI, por sus siglas en inglés) para un emprendedor: “es una persona con la visión de ver una innovación y la capacidad de llevarla al mercado”. En esta definición, el GEDI se enfoca en analizar aquellos negocios que hacen cosas nuevas y utilizan cierto grado de tecnología.

Ya sea que el emprendedor simplemente desee abrir un negocio pequeño y replicar lo que otros están haciendo, o bien, ser un innovador en el mercado, ambas posturas conllevan ese riesgo inherente que se da al aventurarse al mundo empresarial. De alguna u otra forma, ambos han visto una oportunidad, que según su concepción, permitirá generarse ingresos mientras sirven a la sociedad con sus productos y/o servicios.

Volviendo a la definición de emprendimiento, podemos ver que ciertamente en nuestros países, con una serie de cuestiones que pueden deprimir y hacer retroceder el deseo de establecer un negocio (tales como el  escaso apoyo financiero para los nuevos negocios, situación política incierta, delincuencia,  procesos burocráticos), los cuales serian esa dificultad o peligro a la que se enfrentaría un emprendedor a la hora de acometer su negocio. Además, para poder llegar y convencer a un público cada vez más exigente y conectado a la tecnología, los negocios, tanto existentes como emergentes, se ven obligados a innovar y a adaptarse a las nuevas tendencias para sobrevivir y sobresalir en un mercado cada vez más globalizado e interconectado. Por ello, al final, no solamente será el deseo de venir y poner un negocio lo que definirá al emprendedor, sino también su creatividad, su capacidad de adaptación, y quizá en el peor de los casos, su tenacidad y perserverancia.

 

 

 

 

 

 

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