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viernes, abril 4, 2025

El 12 de octubre, del mestizaje al esencialismo etnicista

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Julio Abdel Aziz Valdez

Seremos justos en este tema, el inicio de la forma más propagandista del discurso étnico a nivel masivo no se dio con los documentos formativos de la ORPA, una de las cuatro organizaciones guerrilleras en Guatemala, sino con la manifestación masiva que se produjo en 1991 en Quetzaltenango en el marco del Encuentro Continental de Resistencia Indígena y Popular.

Una manifestación que por primera vez era convocada con la idea de reivindicar una lectura distinta de la historia. Dudo a estas alturas que aquellos miles de personas tuvieran claros los discursos esgrimidos pero de que fueron partícipes lo fueron con todo el apoyo logístico y financiero de organizaciones de fachada de la URNG que aún se encontraba en la clandestinidad pero que para esa fecha contaba con un vigoroso cuerpo de quinta columnas que servían para los fines de propaganda y de formación de los cuadros que habrían de hacer realidad la revolución al finalizar el conflicto, fue casi una muestra de músculo.

Un performance que duró poco pero que cimentó la formación de una nueva militancia, la etnicista, la izquierda clasista descubre el poder del discurso esencialista étnico, pero no se podía presentar en forma simple como lo hicieron los negros en Estados Unidos, donde las diferencias resaltan a la vista, no, las diferencias deberían ser construidas y presentadas como si los ladinos lo hubieran sido siempre al igual que los indígenas, y que su existencia y relación se debe a la desigualdad inherente al capitalismo, aun cuando no lo existiese en aquel entonces como ahora.

La fecha del reclamo cada año adquiere más connotación en la medida que el revisionismo simplista de la historia se usa más como justificación discursiva, “500 años de explotación, represión y resistencia” y ante esto la solución mágica de la plurinacionalidad que no es más que la segregación abyecta, entiendo ahora que la izquierda vernácula incapaz de convencer a la población vuelve a refugiarse donde la pobreza se traduce en ignorancia y a partir de ello intenta ganar adeptos prometiendo dinero, tierras y la aceptación en el nuevo paraíso de la Pachamama, y claro el fantasma nuevamente vuelve a surgir entre quienes asumen que la salir de la pobreza es igual que esperar que el Estado brinde todo lo que no pueden obtener con esfuerzo.

¿Acaso vale la pena las discusiones sobre historia, sobre leyenda negra, y la construcción de la latinoamericanidad a partir del mestizaje? La verdad no, el retorno al purismo racial tan nocivo como el que una vez plantearon los nazis ahora florece en quienes desean cambiar la bandera, el himno y todo lo que consideran que fue hecho a sus espaldas, el recalcar dicho purismo con el adjetivo “culturas o pueblos originarios” y con ello desprenderse de todos los demás, es como dije anteriormente, el intento de encontrar a la verdadera raza aria, el origen de la raza cósmica que es la dueña indiscutible de todo lo que aquí existe y todos los demás o les pagan por estar acá o se van.

La simplificación de la historia en función de hacer comprensible el discurso esencialista cae como anillo al dedo cada 12 de octubre, los indígenas como una unidad política y cultural (que jamás existió) frente al español como el poder omnímodo (que tampoco existió) y luego los herederos tanto de los conquistadores (criollos y ladinos a la usanza de la descripción simplista de Severo Martínez) frente a los indígenas actuales que resisten con las armas que nunca entregaron (la apología del ostracismo culturalista) y por supuesto todo esto en medio de la fiebre del nuevo proyecto de la revolución como lo es la plurinacionalidad (ya que el proyecto de la revolución socialista no llegó a cuajar) todo esto se conjuga con el reclamo permanente de renuncia del gobernante de turno, y será permanente hasta que no logren imponer su propia versión de Estado idealizado, la versión 2.2 de la Dictadura del Proletariado convertido en la Dictadura de la Diferencia cultural La Plurinacionalidad.

El reivindicar la hispanidad para mí no es reivindicar a los españoles de hoy con los que por cierto tenemos muy poca o ninguna relación en la cotidianeidad, sino más bien la herencia cultural dada por aquel encuentro de culturas que hoy nos permite ser el único continente del mundo donde la comunicación trasciende a lo más sublime de nuestros sentimientos.

 

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