Julio Abdel Aziz Valdez
Por fin aparecen lideres a las constantes convocatorias ciudadanas, la revolución molecular donde lo que importaba era la convocatoria en si y sin lideres visibles, ahora asumen el liderazgo quienes reclaman para si la totalidad de la calidad moral para plantarse frente al poder y reclamarlo en nombre de toda la ciudadanía, o para ser mas precisos de los indígenas.
Esa superioridad moral emerge del discurso lleno de esencialismos provenientes del nuevo puritanismo cosmogónico, enarbolan la bandera de la revolución en su versión 2.1, un Estado Plurinacional donde el mal desaparecerá, el retorno al pasado romántico, en efecto así es, la ignorancia del fanatismo es tal que incluso han llegado a afirmar que este es el renacer de lo indio a la llegada del Bicentenario, seguro que durante los casi 300 años de colonia todo era el paraíso o mejor aún el paraíso llego hasta 5 minutos antes de que los españoles pusieran un pie en lo que hoy ese nuevo fanatismo va a llamar Iximulew.
La hora tan anhelada de cobrarse las deudas históricas, y es que el fanatismo invidente cree que detrás de cada pobre hay un ladino responsable, el hecho de que la región que representa los 48 Cantones es de las mas pobres en Guatemala y que su organización que constantemente les exige a salir a manifestar en poco o nada ha contribuido a elevar el nivel de vida de los vecinos.
El sueño del mañana revolucionario desde la perspectiva etnocéntrica del fundamentalismo es tomarse el poder, por la fuerza, o vaya negociar lo que al parecer son incapaces de poder hacer por medio del voto, asumen que les fue arrebatado por criollos y ladinos como se estos hubieran descendido de un barco.
Este llamado a la revolución étnica surge del decepcionante desempeño de las organizaciones “populares” en la capital que solo han servido para mofa de los internautas. El fanatismo en el área rural funciona mejor, los lideres ordenan y la gente actúa, la semilla del autoritarismo está sembrada y ahora la cosechan, quieren llevar a sus mejores representantes hasta el mismo Palacio para mostrarles a esos ladinos como se gobierna, al menos ese es el mensaje a voz baja, en realidad desean ser la nueva ladinidad en el poder, una que muestre sombreros de paja, tejidos tradicionales para encubrir los mismos deseos de enriquecimiento y poder.
La plurinacionalidad en su definición elemental desecha la idea de la ciudadanía y convierte al sujeto en una representación cultural, de ahí la perversión intelectual que plantea que las autoridades indígenas por definición son ancestrales para imprimirle el halo de la santidad cosmogónica y claro bajo el milenarismo tendencioso consideran que son infalibles en sus decretos, el retorno al modelo teocrático pre hispánico. El recurrir a la ancestralidad, un concepto de liderazgo que solo la nueva dirigencia espiritualista conoce y maneja, no es mas que el intento vano de negarle la ciudadanía a los propios indígenas, sus derechos ahora serán determinados por que tan “maya parezca o se comporte”.
No todos los etnicistas coinciden con esta formula de ahí que los clasistas de CODECA que siguen jugando la carta de la identidad campesina que debería aglutinar a todos los pobres, o al menos los que viven de la agricultura de sobrevivencia, no salen con los letrados indígenas de los 48 Cantones, y es que en efecto estos señores dirigentes son profesionales que intentan ocupar el lugar de los que consideran poco dignos para ejercer el poder, hace tiempo abandonaron el concepto maniqueo de que indígena era sinónimo de explotado, discriminado y pobre, imagen con la que CODECA-MLP juega.
El objetivo de todo lo que la ciudadanía hoy no es castigar a Giammattei ni a Consuelo Porras, con todo y que ellos sean responsables por ley de sus actos y se les pedirá cuentas una vez hayan terminado sus mandatos, pero eso la masa no los sabe, lo saben los dirigentes que anhelan por la vía express al poder, tomárselo por la fuerza, un golpe de Estado aplaudido nuevamente por la Embajada Norteamericana, una paradoja que en pocos pero pocos países como en Guatemala se puede producir luego de la huella de 1954 que esto dejó en la misma intelectualidad de izquierda.





























