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El secuestro del “20 de octubre de 1944”

Por Julio Abdel Aziz Valdez

Y bueno, historiadores de todas las tendencias hoy estarían de acuerdo en un punto de esa historia tan repetida y tan manipulada de Guatemala, y es que en efecto hubo un cambio social e institucional radical a partir de la reconfiguración del poder a partir de aquel 20 de octubre de 1944 que la propaganda se niega dejar en la historia.

Pero al parecer, la izquierda ha sabido capitalizar más la narrativa producida a partir de dichos cambios y plantearlo, sin ambages y con mucha soberbia que la modernidad devino en aquel momento, y bueno nada más paradójico que plantear que la izquierda es la heredera de tal pensamiento moderno convertido en la actualidad como progresista, lo que suena ya como una broma de mal gusto.

Fuera de los grandilocuentes relatos de Manuel Galich y otros, que terminaron de escribir la historia desde un exilio más o menos dorado, hay que puntualizar que:

  1. En efecto se movilizó la sociedad, si una pequeña porción de clase medieros de la ciudad capital que finalmente eran los que constituían el germen de la clase más dinámica de la sociedad, pero en la narrativa esencialista de la izquierda acá no hubo proletarios, gente pauperizada movilizada por la pobreza, de ser así, el resultado de tal movimiento no hubiera concluido en la formación de un triunvirato compuesto en esencia por militares descontentos y vaya un representante de la clase media en ascenso.

El secuestro se ha consumado

La izquierda local necesitaba forzosamente en la década de los sesenta justificar su trayectoria y lo hizo anclándose en los eventos de 1944, a pesar de que esa izquierda en poco o nada contribuyó tanto en movilización como en argumentación, pero para hacer frente a las acusaciones de ser apátridas, pues bien, comienzan a desarrollar la narrativa que los eventos del 44 había sido una revolución, y por lo tanto popular, y claro que ellos eran los artífices y la prueba de ello era la reacción de los Estados Unidos de 1954, el argumento victimista justificaba la acción armada que para esa década ya se perfilaba como una alternativa para alcanzar el poder.

Los eventos de octubre de 1944 transformados discursivamente en la “Revolución de 1944” era la versión vernácula de la revolución de “Octubre de 1917” en Rusia, vaya, ahí se comprueba la influencia del realismo soviético en el pensamiento intelectual comunista local, bastante miope por cierto.

La narrativa se repitió mil veces, y bueno la mentira se convirtió en una verdad discursiva, nostálgica con héroes y hasta romance, tanta fue la manipulación historiográfica que luego se conectaron estos acontecimientos del 44 con el intento de golpe de Estado de 1962 que dio lugar después a un movimiento diminuto de guerrilleros que en consonancia asumen el discurso militarista como alternativa de lucha que para ese entonces la Unión Soviética apoyaba con muchos recursos como lo hacía en África y otros lugares del mundo.

Es más, ese argumento de la Revolución del 44 ha de haber sido muy atractivo para los responsables de la Internacional comunista que tenía a su cargo el dar dinero y formación, lo más interesante es que en el calendario oficial este día se asume como feriado oficial en conmemoración a las reformas que modernizaron al Estado pero los sectores de izquierda nostálgica siguen alimentando la visión sovietizada de esa efeméride y han hecho de Arévalo y Arbenz los santos de su devoción, contradictoriamente uno de ellos un militar que estando en el poder nunca renegó de la institución armada y otro un demócrata con una participación muy corta en el espectro político pero determinante, ambos, fuera del contexto histórico idealizado, no serían motivo de pompa ideológica sino es por la tendencia a la deshistorización del discurso propagandístico de la izquierda.

No sé porque me recuerda tanto al 2015, miles de ciudadanos salen a las calles a exigir justicia y un grupo reducido de intelectuales en los medios electrónicos y Universidades pronto llenan de contenido complejo a lo que sucedía, es más, hubo hasta radicales esencialistas que desde el discurso de lo étnico querían vender su propuesta de una Plurinacionalidad como los comunistas lo hicieron con lo de la Dictadura del Proletariado, el ansia de querer construir una narrativa que distorsiona los hechos solo tiene sentido en una izquierda insípida, hambrienta de mártires, deseosa de sangre que reivindicar, tan en la deriva que secuestra personajes y los entroniza en ideales desfasados y sin más sentido que el de tener un día más de descanso en el año.

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