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viernes, abril 17, 2026

La coyuntura es significativa, pero hoy es importante recordar a José Milla

Mario Mérida. Escritor, comunicador y docente universitario

La coyuntura pasó a ser parte de la cotidianidad, que nos recuerda los días que lleva el director elPeriodico de estar en la cárcel; las declaraciones de los implicados en el llamado “Caso la Línea”, que según algunos juristas han perdido sustento; la violencia homicida; la migración y los guatemaltecos expulsados por EE.UU; el reinicio del bloqueo de carreteras; las reiteradas denuncias de corrupción; el trasiego de drogas, la inacabada ley electoral, entre los aspectos relevantes de analizar.

Hoy aprovecho este espacio para compartir algunos párrafos del Visitador, que aparecen en la novela “La casa de huéspedes” del suscrito aun disponible en algunas librerías: “… quedaba una hora de luz antes de que disminuyeran la energía eléctrica y quedáramos parcialmente a oscuras, ya que siempre permanecía una luz en el corredor. Tomé un viejo volumen del Visitador, de Pepe Milla, que obligadamente leímos y resumimos en la secundaria, tarea complicada,  que ninguno hizo bien; así que lo incluí como parte del equipaje, junto con un pequeño Larousse de Ramón García – Pelayo y Gross de 1964; que de pequeño no tenía nada, pues sumaba más de 1,634 páginas.
El recordatorio de un escritor como Milla no pretende superar lo escrito por Ana Lucía Mendizábal Ruiz titulado “Conoce el legado de José Milla y Vidaurre, a 200 años de su nacimiento”. (elPeriódico. 04-08-22). Sino, invitar a los lectores a releer a escritores de la talla de Milla.

Repasé la descripción de Milla sobre el viajero que llegó a la portería de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced: “Un viajero montado en una mula que parecía en extremo fatigada. Apeóse muy despacio y echando descuidadamente la vida sobre la silla, dejó en plena libertad a la cabalgadura, como quien sabía que la pobre bestia no había de moverse de aquel sitio, tal iba de cansada…”.

Cuenta Milla: “Acababa de sentarse el viajero cuando se entreabrió la ventanilla del portón que daba entrada al claustro procesional, y asomó la cabeza tonsurada y redonda de lego que desempeñaba el importante cargo de portero, que dirigió a nuestro hombre -el viajero- una mirada asaz curiosa y escudriñadora. El resultado del examen fue sin duda la idea que el recién llegado era un mendigo, aunque a decir verdad su aspecto y traje estaban muy distantes de autorizar aquella suposición”.

Pepe Milla, cuenta el retrato del viajero de tal forma, que ubica al lector parado frente al portón, viéndolo físicamente, como lo demuestra en estas las líneas: “El resultado del examen fue sin duda la idea de que el recién llegado era un mendigo; aunque, a decir verdad, su aspecto y traje estaban muy distantes de autorizar aquella suposición. Era de mediana estatura un poco más que mediana; delgado y lento en sus movimientos; su fisonomía revelaba un hábito profundo de reflexión y de cálculo, aplicado a las acciones más insignificantes, como a las más trascendentes de la vida. Pálido, enjuto, de ojos negros y con una mirada algo de soñolienta. La frente espaciosa, la nariz perfectamente delineada y la boca en la cual era fácil advertir expresión un tanto desdeñosa, estaba sombreada por un bigote bien poblado, en el que apuntaba ya una que otra cana. Las manos eran finas y denotaba no haberse empleado jamás en oficios viles. Vestía calzón, jubón y capa corta de perpetuán negro, y estaba cubierto de polvo, consecuencia del largo camino que parecía acababa de hacer aquel individuo cuyo porte y traje eran los de una persona que bien pudiera ser un caballero, pero que de seguro no pertenecía tampoco a la clase ínfima de la sociedad” (P. 27 y 28)

Continué leyendo el Visitador, tratando de recrear mentalmente la narración de Milla, así llegué a la parte en la que describe la habitación de don Juan y cómo Basilico el barbero se sorprende al ver una copia de “DE RERUM NATURA”. Traducido DE LA NATURALEZA DE LAS COSAS, escrito por Lucrecio en 1486. El libro está compuesto por seis textos que describen desde el erotismo de Venus hasta los fenómenos naturales. Quizás lo que impactó al barbero no fue el título sino la portada. Para quienes no han leído el Visitador, el barbero Basilico es el viejecillo tuerto, pequeño, cuerpo encorvado, de cara socarrona y maligna, que maneja el chisme del pueblo. (P.34)

Me fui al comedor, por lo general Rosaura dejaba un termo de café cuando se ausentaba a partir del sábado, y ese día no fue la excepción. Me serví una taza y continué leyendo El Visitador, de José Milla. Estaba tratando de imaginar y situarme en el párrafo en el que Milla relata los Secretos del Sótano: “Llegó al fin la noche, esperada con tanta impaciencia por el Visitador, que deseaba abrir aquella misteriosa caja del herrero, que debía tener sin duda, algún secreto muy grave, ya que se guardaba con tan extraordinarias precauciones…” (P 156)

 

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