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domingo, abril 6, 2025

La embajada de España en la historia nacional: un caso de estudio

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Mario Mérida. Escritor, comunicador y docente universitario

Recientemente fue recordado el suceso del fatal incendio de la embajada de España en nuestro país. El editorial de elPeriodico reseña el suceso y sugiere, que La única manera en que la sociedad guatemalteca podrá reconciliarse es través de la justicia”, que solo puede alcanzarse con la verdad científico-histórica, no con la construcción de una verdad antojadiza basada en supuestos sin fundamente. Es decir, debe realizarse una investigación basada en fuentes primarias confiables, actores o testigos, presenciales no referenciales, para que las nuevas generaciones conozcan la historia y juzguen el presente.

El acceso a fuentes de información confiables es de utilidad para enterarnos de la cantidad de veces, que hemos sido utilizados como conejillos de Indias por foráneos con amplia cobertura diplomática, para desprestigiar al país y condenarlo ante el mundo. El caso de la quema de la embajada española, es un ejemplo palmario de esa práctica ejecutada por países del primer mundo[1].
En el presente artículo abordo el incendio de la embajada desde la reconstrucción realizada por la escritora española Soledad Cano en su libro “La noche del colibrí” (Arde Centroamérica) 1980, del que seleccione unos párrafos que iluminan momentos oscuros relacionados el incendio accidental ocasionado por campesinos quichelenses. Versión que no agota, ni cierra la posibilidad de encontrar más evidencias que expliquen el suceso, que incluye el aporte del licenciado Adolfo Molina Sierra, hijo del licenciado Adolfo Molina Orantes, una de las víctimas de este suceso. Molina Sierra, advierte en su libro HISTORIA VERDADERA DE LA QUEMA DE LA EMBAJADA ESPAÑOLA (20020): “No todo está dicho y no todo lo dicho es verdad”.

El preámbulo

Una primera pista surge durante la primera visita de Cano al Quiche, Chichicastenango y su encuentro con sacerdotes españoles, quienes se extrañaron que el embajador Cajal no los acompáñese: “- Creí que vendrían con el señor embajador” – dijo uno de estos… Él tiene anunciada una visita por estos días” (p. 51) Debido al interés del embajador por la seguridad de los curas españoles.

Días antes de la toma de la embajada, Cano viajo a Chajul (p. 67) en compañía de Fernando, para entrevistar a campesinos del lugar. Uno de ellos descrito como “kekchíe -quekchí- de pelo blanco” a quien Fernando le pregunto: ¿Habrá nuevas acciones?   -“Sí. Aunque… no la debo descubrir enteramente. Será el 31 de enero en la capital de Guatemala”.

El campesino a quien Cano consideró un universitario, continúa explicando: “Se transmitirá a través de todos los medios de difusión, pidiendo la presencia de cronistas extranjeros, y culminará con otra serie de actos en la Universidad de San Carlos, refugio de las ligas populares. En ese momento se informará al pueblo de lo conseguido anteriormente”

Los preparativos del día 31 (p. 110 y 129) estaban a cargo de: “… dos obreros y cuatro estudiantes entre los que se encontraba una mujer. “son cuatros los puntos destinados al plan de ‘La Subida’. Si fracasa la reunión se repetirá pasados unos días. Memoricemos Panamá y España”

La toma de la embajada

Cano comenta (p. 111): “cinco muchachos vestidos de campesino entran a una cafetería, frente a la embajada española”… Hablan muy poco. … El reloj marca las once y media”. “Uno de ellos se levanta y con voz serena dice: Vamos, ya han llegado.  Se retira del ventanal, agarra su macuto -morral- y paga”. 

El desenlace fatal de la toma de la embajada según Soledad Cano: “El grupo se revolvió inquieto; los secuestradores no dudaron un momento; de los macutos -morrales- sacaron una botella de algún líquido inflamable y tapada especialmente”-¡Asesinos! Grito el de la bomba y la arrojó contra la puerta en dirección al agujero-. Esta se incendió”.

Para completar el párrafo anterior cito un comentario del suscrito en el Libro “La historia negada” (p. 158. 2010): Sorprende la afirmación, “que en el caso de la Embajada de España se utilizó algo similar a un lanzallamas[2], cuando la propia señora Rigoberta Menchú tiene dudas acerca de lo que ocurrió, así se lo hizo saber a Elizabeth Burgos[3]:  “Lo que pasó en la Embajada de España: yo no puedo sacar mi versión personal de imaginaciones, pues nadie de los compañeros puede decir la verdad”.

Los esfuerzos por crear una versión contraria a la verdad se extinguieron cuando se corroboro los  testimonios falsos de estudiantes de medicina entrevistados por Cano, con relación al empleo de napalm[4] en la sede diplomática; idea quizás tomada de las atolondrarse declaraciones del General Ríos Montt a la revista Latin America Weekly (05/11/1982), en la que mencionó de que: “Si la situación -conflicto armado- se prolonga, tendremos que lanzar napalm sobre esas aldeas» Otros han asegurado que se empleó fosforo blanco -agente incendiario-, lo cual fue negado en su oportunidad por la embajada norteamericana en el país.

Reflexiones

Desde de una posición sensata y acorde con la época es correcto pensar, que la intención primaria de quienes incursionaron en las instalaciones de la embajada española era la toma pacifica, pero la improvisación y la inexperiencia la transformó en una tragedia, lo que se demuestra en el momento que alguno de los ocupantes decidió lanzar la bomba incendiaria contra la policía desde el interior de la embajada, la cual infelizmente impacto en el interior de la habitación que ocupaban.

Asimismo, se corrobora la existencia del “Plan de la Subida” cuya existencia fue negada en su momento, así como, la participación de estudiantes y campesinos en su elaboración. Aunque se diga que la versión entregada a los medios fue falseada. Lo importante es el plan confirma la conspiración terrorista.

La participación directa del embajador Cajal, se constata con su viaje al Quiche y la convocatoria personalidades guatemaltecas a la embajada el día que ocurrieron los hechos. Y que a criterio de Molina Sierra “… a todas luces -el embajador- participó en la facilitación de la toma de la sede diplomática”.

Uno de los párrafos del editorial de elPeriodico planteó la interrogante acerca de la vinculación de la guerrilla, esta se corrobora con lo expresado por Gustavo Meoño, exmiembro de la Dirección Nacional del Ejército Guerrillero de los Pobres, EGP, en las acciones en la embajada: “Yo tomé la decisión que se ocupara la embajada de España porque era la más fácil. Estaba al pie de la calle, sin vigilancia[5].”


[1] El diputado español del partido Fuerza Nueva, ante el rompimiento de relaciones diplomáticas del gobierno español con Guatemala, opinó: “… los embajadores españoles iban por ahí dedicándose a desestabilizar regímenes” Comentario criticado por otros legisladores. (p.140)

[2] Siglo Veintiuno, 03/03/1999. Página 4. Guatemala memoria del silencio, párrafo 149

[3] Burgos, Elizabeth. 1982. Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. Páginas 212 y 255.

[4] Sustancia muy inflamable compuesta de combustible gelatinizado que se utiliza para cargar bombas y proyectiles incendiarios.  Empleado por los EE.UU (07/02/1965), en bombas aéreas en Vietnam

[5] Mérida, M. La historia negada. 2010 (elPeriódico. 13/julio/2008)

 

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