En la búsqueda de justicia concurrimos a un mismo fin y en su consecución la vida logra una de sus realizaciones más hermosas. Mandela en su ”largo camino a la libertad” narra la exaltación de su espíritu al poder ver a los ojos al fuerte y decirle “aquí estoy en igualdad de condiciones”, dadas las terribles circunstancias sociales causadas por el apartheid en Sudáfrica; ese breve momento, quizás infinito en el vivir, ejemplifica las emociones que yerguen el cuerpo y conjugan la libertad y la rebeldía ante una condición injusta.
«El espíritu se nutre todos los días y su alimento es la justicia».
Así van estos días en Guatemala con las recientes acciones de los órganos encargados de representarnos en la búsqueda de justicia, ante hechos considerados criminales desde luego. Estas actividades me gusta pensar que no son tan solo contextuales, sino que más bien representan algo más profundo, ligado a la incasable búsqueda de justicia.
La justicia que nos convoca no es la de los procedimientos sino una más noble. No se trata de presumir inocencia y de darle la oportunidad de funcionamiento a una maquinaria para “supervisar” si esta realiza el trabajo en óptimas condiciones. ¡No, no es eso! Estamos abriendo la posibilidad para sujetarnos por igual a la justicia, de forma independiente de la condición material que se tenga.
Se trata de darnos la oportunidad a nosotros mismos para construir el sistema que no hemos podidos construir ni en quinientos años, ni en quinientos siglos. Nuestra historia Guatemalteca es una historia de conquistas, de imposición por excesos de fuerza y del remarcable espíritu de rebeldía y sobrevivencia. Hablamos pues, de trazar un camino hacia un sistema de garantías mínimas para aceptar reglas comunes, legítimas y útiles para convivir en paz.
Al hacerlo, nos damos la oportunidad de atender el llamado de la historia y honrar la vida.
La justicia es un suspiro. Necesitamos conspirar para un hermoso futuro
































