Dr. Virgilio A. Cordón
“Las buenas decisiones usualmente requieren que además de ser bien pensadas, nos sintamos tranquilos emocionalmente de haberlas tomado”.
Dentro de las habilidades que requiere una posición de liderazgo, está la de saber tomar decisiones basadas en la lógica y en la emoción. Si las tomamos desde la lógica puede que nos sintamos mal después de haberlo hecho. Y si las tomamos desde la emoción, puede que nos arrepintamos al poco tiempo de haberlo hecho. Entonces, ¿Cuál es la opción? Pues en realidad, la respuesta es simple. Usamos las dos manos, las dos piernas y los dos ojos para ver ¿Cierto?. Pues lo mismo aplica para la toma de decisiones en cualquier área de su vida. Todos tenemos un hemisferio cerebral izquierdo que es el que le proporciona la lógica y la habilidad numérica para evaluar cualquier circunstancia. Por otro lado, contamos con el hemisferio derecho, el cual nos brinda la capacidad de poder ser creativos, evaluar emociones, ser empáticos, etc. Por lo tanto, para poder tomar una decisión “conveniente”, es preciso utilizar ambos hemisferios.
Si somos personas que “pensamos con la cabeza” porque todo lo analizamos hasta el más mínimo detalle, tenemos dominancia cerebral izquierda. Si “pensamos con el corazón”, tenemos dominancia cerebral derecha.
Los que pensamos solo de forma lógica, usualmente podemos faltar a la empatía, el instinto y sentimientos de las personas que nos rodean lo cual obviamente puede traernos conflictos interpersonales. Si se nos dificulta tomar una decisión porque queremos ver todas las posibilidades y opciones, usualmente sufrimos de “parálisis por análisis”, lo cual produce muchas veces que perdamos oportunidades de vida que requieren una pronta respuesta. Por el contrario, si pensamos solo de forma emocional, podemos tener el problema de no tomar decisiones inteligentes, dejarnos llevar por las emociones y por lo tanto perder la oportunidad de aprender una lección de vida y volver a cometer el error. Si tomamos decisiones porque “estamos emocionados”, el resultado la mayoría de las veces es que cuando las emociones bajan, nos arrepentimos.
Al aprender a balancear la razón y la emoción, los estudios demuestran que el pensamiento analítico y las emociones viscerales nos ayudan a tomar decisiones sabias. Cuando las personas usamos la razón, somos capaces de ver de forma objetiva las ventajas y desventajas que tenemos ante una situación. Si contamos con información suficiente, aumentamos las opciones disponibles y por lo tanto la probabilidad de éxito. Sin embargo, las personas exitosas no solo usan la razón, sino que aprovechan sus sentimientos y la experiencia previa para manejar la crisis. Cuando usamos el instinto automáticamente incluimos recuerdos, aprendizajes y necesidades personales (valores), los cuales nos dan la “paz mental” de haber tomado la mejor decisión. Es importante señalar que la mayoría de las personas confundimos el miedo con la intuición. El miedo es paralizante y lo único que hace es que nos detengamos de tomar cualquier decisión. Nunca debemos tomar una decisión impulsados por el miedo. La intuición por el contrario, nos debe provocar tranquilidad, satisfacción e impulsarnos a la acción.
Si a usted le cuesta tomar decisiones rápidas, empiece a tomar decisiones menores mientras fortalece su capacidad analítica o bien, mientras aprende a manejar sus emociones y verá que con el tiempo se tendrá cada vez más confianza. Un ejercicio muy recomendable es poner todas las ventajas y desventajas de tomar una decisión ya que cuando las escribimos el cerebro tiene más capacidad de hacer un análisis más completo y darle una solución. La última recomendación, es que cuando tenga que tomar decisiones importantes, se aparte de entornos estresantes o ajetreados, para que su mente tenga mayor capacidad de concentración y así pueda “ver claramente” sus opciones. ¡Éxitos!.

