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viernes, marzo 6, 2026

Los cambios en el poder

En su libro, El Fin Del Poder, Moisés Naím argumenta que el poder se ha vuelto “más fácil de obtener, más difícil de utilizar y más fácil de perder”. Las razones se encuentran en tres fenómenos: la “Revolución de los muchos”, según la cual, el crecimiento poblacional y el aumento de actores organizados ha multiplicado a los competidores por el poder. La “Revolución de la movilidad”, que ha facilitado la dispersión de bienes, capitales, valores e ideas por cada rincón del planeta. Y la “Revolución en la mentalidad”, que implica un cambio en los valores, las expectativas y las aspiraciones de la humanidad.


Hoy Guatemala vive su propia transformación en el poder: hemos visto un cambio en quienes lo ejercen, las formas de administrarlo, los mecanismos para acceder a él, y sobre todo, el hecho que quienes lo ostentaban han perdido la capacidad de mantenerlo. 


En lo económico, la transformación del poder está asociada a la diversificación de capitales. Economistas, sociólogos y periodistas se refieren al “capital emergente” para aglutinar a aquellos sectores cuya fuente de acumulación es distinta a la del empresariado tradicional, y que compiten por espacios de incidencia.

En la opinión pública, dicha transformación está asociada a la relativización del monopolio televisivo y las nuevas formas de opinión. En la última década han surgido nuevas opciones de oferta informativa, que gracias a los cables locales y la televisión satelital, han matizado la influencia de la televisión abierta. A nivel radial, las radios locales y comunitarias cada día abarcan un porcentaje más significativo del mercado rural. La formación de opinión también se ha horizontalizado. Gracias a las redes sociales, cualquier persona con acceso a Internet puede convertirse en formador de opinión, desplazando a periodistas, intelectuales y académicos.

En lo político, la mutación del poder es evidente. Hoy vivimos un proceso de destrucción del sistema de partidos, evidenciado en el colapso de Lider y Patriota, y en las disputas internas de la UNE. A ello agreguemos la incertidumbre que impera entre los partidos pequeños de cómo responder a las nuevas dinámicas del país, o incluso, cómo captar recursos luego del caso Cooptación del Estado. Por si fuera poco, la persecución penal contra caciques tradicionales, también invita a una reconversión del ejercicio de poder clientelar y patrimonial a nivel local.

A nivel social, el fenómeno es claro. Un recuento de actores relevantes así lo reflejan. En 1985, luego de la transición democrática, los actores de poder en Guatemala se circunscribían al Ejército, el sector privado, la Iglesia católica y los partidos políticos. Hacia el 2016, el poder de los primeros tres se ha matizado, mientras han emergido nuevos actores, como grupos de derechos humanos, agrupaciones profesionales, organizaciones indígenas y campesinas, academia, y sobre todo, los jóvenes universitarios, grandes herederos de las gestas del 2015.

Hoy el tablero de poder en Guatemala es más complejo, más horizontal y más dinámico. Al mismo tiempo, las relaciones son más inestables, cambiantes y competitivas. El poder se ha transformado ante nuestros ojos.

 

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