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domingo, marzo 1, 2026

¿Por qué a los poderosos les fascina censurar? 3ª. parte ―B―

Anteriormente este servidor narraba como los democratacristianos le soltaron la “papa caliente” al presidente Serrano Elías precisamente cuando recibió las riendas del poder en 1990.

Descrita, en tono alegórico, como “la música de la democracia” en Guatemala, la gestión de Vinicio Cerezo Arévalo fue cualquier cosa menos ser un “gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.”

Fuera por incapacidad o por simple avaricia, desde aquellos tiempos, los gobiernos, democráticamente elegidos, demostraron a los pueblos de Guatemala que algo fallaba en su sistema político.

Particularmente creo que el problema de fondo no radica tanto en la falta de ejercicio democrático como en la desconfianza y desencanto generalizados frente a lo falaz del discurso sobre “la voluntad ciudadana”.

La percepción cobra sentido cuando misma no suele corresponder a las prácticas políticas de quienes votamos en las urnas; a pesar de ser la eterna muletilla de todo demagogo que se respete y sepa congraciarse, momentáneamente, con las masas.

De allí que la abstinencia electoral se convirtiera en un fenómeno endémico e entre 1974 y 1982, exceptuando la euforia constituyente de 1985 y las elecciones presidenciales del año siguiente, la participación ciudadana tomó un rumbo peligrosamente decreciente.

En este contexto, los nuevos políticos se concentraron más en los porcentajes que les favorecían sobre el número total de votantes. De esta falacia ha surgido la idea de un aparente apoyo o rechazo a la gestión pública, por lo que su interpretación, dependiendo del criterio, suela confundir al funcionario de turno en sus decisiones políticas.

Quizás por eso hemos coleccionado, a lo largo de un tercio de siglo, tantas administraciones fracasadas y mediocres y tan pocas que destaquen por su eficiencia.

De estos errores de apreciación derivó la caída en desgracia del presidente Jorge A. Serrano E.; ya que, ante la imposibilidad de imponerse “por las buenas”; optó por la brillante idea ―fuera propia o inducida― de violar la Constitución cuando la opción ya no era viable para el común denominador guatemalteco.

Pasaremos entonces a relatar que sucedió luego del día 25 de mayo del año 1993. Para entender el fenómeno conocido como Serranazo hay que contextualizar su ejemplo externo a seguir, siempre siguiendo la narración de Sabino (2017) y la Crónica de 1993.

Cuando el fujimorismo dio su respectivo golpe de Estado, las circunstancias políticas y económicas del Perú eran peores que las de Guatemala. No obstante, el presidente contaba con el respaldo tanto del pueblo peruano como de su Ejército.

Su liderazgo político tenía presencia tanto en el ámbito económico como en la lucha contra la subversión armada del Partido Comunista del Perú; mejor conocida como el “Sendero Luminoso”. Estas acciones le rindieron frutos a Fujimori luego del golpe (Sabino, 2017, págs. 53-55).

Comparando “peras con manzanas”, Serrano carencia de méritos para justificar acciones semejantes frente a una ciudadanía volátil e inconforme. Un punto de referencia ―engañoso, por cierto― fue el supuesto “triunfo” del MAS en las elecciones municipales a principios de 1993.

El problema de esto radicaba en que la participación ciudadana no representó ni el tercio del padrón electoral de aquella época (Altolaguirre, 1993, pág. 28). No obstante, cabe mencionar que incluso hubo denuncias contra el MAS por sobornar a los alcaldes del interior de la República.

Los señalamientos de corrupción se dirigían al uso de fondos públicos en la campaña. En todo caso, la compra de voluntades politicas se hicieron a expensas de la oposición dirigida por la UCN (Arce, 1993, Ibidem).

Como puede verse, esta forma retorcida de consensuar políticas de Estado hizo perder el Norte al mandatario ya que ―por su personalidad― a Serrano Elías se le dificultó controlar “por las buenas” una realidad política compleja.

De allí que optara por la deleznable praxis de la coacción a favor de quien maneja las finanzas públicas.

Con esto, el abyecto transfuguismo tuvo su origen en aquellos lejanos días, en vanos intentos de atraerse adeptos para el oficialismo; partiendo de actitud traicionera de frente a la oposición política la falta de principios y escrúpulos asi como un pragmatismo solapado del mandatario y sus “roscas” de frente a la lealtad y convicciones del sentir popular.

Continuaremos la próxima semana exponiendo algo el complejo panorama político de esa Guatemala de hace una generación.

 

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