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Paro académico estudiantil en la USAC: un harakiri revolucionario

JULIO VALDEZ

No es la primera vez que sucede una toma de instalaciones, es más, esto ya es parte de las medidas usuales que estudiantes, trabajadores y hasta personas ajenas a la Universidad tienen de demandar la atención a sus reclamos.

Julio Abdel Aziz Valdez

No es nuevo que se recurra a bloquear la libre circulación y el funcionamiento de una de las instituciones mas grandes que tiene el Estado como es la USAC, la lógica detrás de ello es similar a la de obstruir una carretera, basta 10 personas decididas un par de llantas en llamas, palos y el rostro cubierto.

Pero en este año el nivel de radicalización inmerso en las protestas alcanzó niveles especiales que merece ser analizado. Cientos de estudiantes han tomado la decisión de no recibir clases, virtuales, y dejar pasar el semestre, dicho en otras palabras perderlo, todo en función de que su reclamo se acate, una especie de huelga de hambre académica, claro está, detrás de ello decenas de docentes y académicos están no solo apoyan sino que incentivan tales actos, no ha faltado quienes usan lenguaje poético y los califiquen que héroes de la autonomía y bueno, un año perdido no es el fin del mundo aseguran sí con ello están “rescatando” la universidad, como sí la universidad dependiese de la asistencia de los estudiantes a las aulas virtuales como si es el caso en instituciones privadas. Me permitiré hacer algunas observaciones en relación a tal medida que es bueno que el resto de la población conozca sobre el llamado “Paro Digno”, y así formen una idea:

  1. Todos, absolutamente todos los estudiantes de pregrado (licenciaturas e ingenierías) de la universidad de San Carlos de Guatemala están becados, o sea, el costo de su formación lo asume el Estado, ¿Cómo? Pues esta paga por los edificios, ahora cerrados, administración, servicios y sobre todo docentes, todo con dinero proveniente de los impuestos, este dinero es pagado incluso por quienes no usan este servicio, vaya, hasta por quienes pagan de su bolsa su formación en universidades privadas.

El que no asistan a sus clases pues pone en entredicho su condición de becados, pero no hay problema ya que la universidad no condiciona sus servicios al desempeño académico, lo que a mi parecer es un error, porque asume parcialmente que esto es un derecho (que en la practica no lo es) y entonces cada quien asume su responsabilidad si gana con 100 o con 61 o vaya, solo va a hablar con sus amigos y simplemente no cumple con sus clases y no acumula puntos, como regularmente sucede con los eternos dirigentes estudiantiles. Las asociaciones de estudiantes en cada unidad académica están viviendo procesos de descomposición y hasta de desaparición en la medida que estas no solo representan menos a sus asociados, sino que forman parte del poder o mejor dicho del micropoder y los estudiantes que están conscientes que su paso por la universidad es corto (debería serlo) y no tienen tiempo para perderlo en espacios donde la academia se diluye en política.

Los docentes, una vez contratados en cualquiera de las dos vías o condiciones, no dejan de percibir sus salarios con este paro, porque su pago no depende de que reciban o no clases los estudiantes, sino de que fluya los recursos financieros provenientes del presupuesto general de la nación. Hasta ahora unos cuantos, muy pocos, han llevado su solidaridad con el movimiento hasta el extremo de para solicitar permisos laborales de ausencia (no  renuncia) y con ello dejan de percibir sus salarios temporalmente (por lo regular son titulares los que harían tal acto de lucha, porque los interinos al hacerlo pueden perder su opción de ser recontratados al semestre siguiente), dicho en otras palabras, con todo y los discursos encendidos, no hay correspondencia de sacrificio en el personal docente con lo que estos estudiantes en paro hacen, y eso no debería extrañar ya que ambos sujetos son diferentes mientras uno busca la convalidación por medio de la obtención de un título el otro esta cumpliendo con un trabajo nada más. El suponer que un trabajador, que depende de su salario sea realmente “solidario” con un estudiante que esta perdiendo un año de sus estudios es además de incoherente, un sin sentido, de ahí expresiones como “los estudiantes ponen el pecho o la cara por todos” o sea, “se sacrifican cual mártires” (habría que preguntar a los padres de familia si concuerdan con tal sacrificio de tiempo)

Este es un momento que llama a la reflexión no solo por los matices que ha cobrado sino por la permanencia de los discursos fanáticos que llaman, sin más ni más, a la autoinmolación, el nihilismo ha pasado a entronarse de nuevo. La izquierda universitaria resurge de entre las sombras donde se ocultó por años para intentar hacerse del poder a como dé lugar asumiendo con ello el viejo recurso de la moralidad, aspecto que nunca tuvo.

Preguntas sin respuesta:

¿Seguir destinando el 5% del presupuesto a una institución que no se sabe manejar a sí misma? ¿invertir en estudiantes que no estudian? ¿en docentes que no quieren enseñar? ¿invertir para que esta noble institución sea usada como botín de guerra por parte de políticos? ¿invertir en pensamiento intelectual que sueña con la destrucción del Estado y construir uno más grande y omnipresente? ¿si los estudiantes en paro no obtienen lo que exigen en los próximos meses van a dejar de estudiar el próximo semestre? De ser así ¿para que continuar matriculado? Por el contrario, y si se llegase a realizar un exhaustivo y concienzudo análisis de las probabilidades de la renuncia del actual Rector y todo el CSU y se llegase a la conclusión que no va a suceder ¿no hay razón para continuar con el paro ahora? antes de que el semestre se pierda por completo, ¿Cuántas manifestaciones serán necesarias para mantener en alto el ánimo que cada día desaparece en los ocupantes de las instalaciones? ¿Cuántos músicos reproduciendo melodías que invitan a la lucha? ¿Cuántos recorridos de la memoria? ¿Cuántos rimbombantes diseños de carteles de guerra con el puño cerrado en alto serán necesarios?

Y, por último, si las actuales autoridades cuestionadas han logrado imponer su visión de legalidad ¿Por qué habrían de renunciar? Para complacer a quienes si se han decantado por acciones ilegales y que al final negociaran para que no se les procese por ello, ¿Jordán Rodas, ya sin el amparo de su envestidura de procurador de derechos humanos, estará dispuesto a competir de nuevo por la rectoría de la universidad? ¿Dentro de 4 años o en un plazo menor luego de haberse concretado una supuesta renuncia? Todo esto se lo dejamos a ustedes para que las respondan.

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