Desde finales de 2024, Guatemala enfrenta una paradoja preocupante: la economía crece, prácticamente todos los sectores productivos se expanden, y sin embargo el flujo de nuevos afiliados privados al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) lleva ocho trimestres consecutivos en terreno negativo.
Por Nicholas Virzi, Ph.D.
Este desacople entre crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y creación de empleo formal privado se intensificó a partir del tercer trimestre de 2024 y se profundizó durante 2025 y el primer trimestre de 2026.
Entre el primer trimestre de 2024 y el primer trimestre de 2026, el salario mínimo base aumentó de forma real acumulada 14.39% en el sector no agrícola, 12.26% en el agrícola y 6.64% en exportación y maquila. En el mismo período, el PIB real creció 8.48% y las Industrias Manufactureras 7.27%, mientras los nuevos afiliados privados al IGSS se contrajeron 10.23%.
La brecha más elocuente se observa al comparar el salario mínimo no agrícola (+14.39%) con la caída de los nuevos afiliados (−10.23 %), que alcanza 24.62 puntos porcentuales.
Las Industrias Manufactureras ilustran con claridad el carácter intermedio —y problemático— de este desacople. El sector creció 7.27 % en el período compuesto, una cifra positiva pero inferior al PIB y muy por debajo del aumento del salario mínimo no agrícola. La brecha del sector manufacturero con el salario mínimo real alcanzó 7 puntos porcentuales, mientras la brecha con los nuevos afiliados privados fue de 17.50 puntos porcentuales.
Es decir, la manufactura generó valor agregado, pero ese crecimiento no se tradujo en una expansión equivalente de empleo formal registrado. Este patrón es especialmente relevante dado que el sector manufacturero es intensivo en mano de obra calificada, expuesto a la competencia internacional y particularmente sensible a los aumentos del costo laboral total (salario mínimo más cuotas del IGSS, Bono 14, aguinaldo y demás prestaciones).
El resultado agregado es inequívoco. Todos los principales sectores productivos registraron crecimiento positivo entre 2024 y 2026, al igual que el PIB. Sin embargo, el flujo de nuevas incorporaciones formales privadas se contrajo en doble dígito. Una brecha positiva entre el crecimiento sectorial y los afiliados indica que la expansión de la producción no se está canalizando hacia empleo formal. En el caso de la manufactura, esa brecha es significativa y confirma que el sector también padece el desacople.
¿Por qué ocurre esto? Los aumentos compuestos del salario mínimo elevan el piso salarial por encima de la productividad marginal de muchos trabajadores, especialmente en micro, pequeñas y medianas empresas, agricultura, maquila y manufactura.
Cada incremento no solo eleva el salario base, sino que arrastra el costo total de formalización al multiplicar las cargas patronales. A esto se suman regulaciones laborales onerosas —indemnizaciones elevadas, rigideces contractuales y costos de cumplimiento— que aumentan el riesgo y el costo de contratar y despedir. El costo total de una plaza formal puede superar entre 38 % y 124 % el salario nominal.
Ante este panorama, muchos optan por no expandir planillas formales, otros recurren a la subcontratación, y una gran cantidad de guatemaltecos eligen al autoempleo o a la informalidad. La informalidad estructural, que ronda el 66% de la ocupación, absorbe parte de este ajuste.
El crecimiento económico es condición necesaria pero no suficiente para la formalización laboral. Cuando el costo regulado de incorporar trabajadores al sistema formal aumenta más rápido que la productividad y que el valor agregado sectorial, la respuesta natural de la iniciativa privada es moderar la creación de empleo formal. Los datos del período 2024-2026 muestran precisamente ese patrón: la economía crece, los sectores se expanden —incluida la manufactura—, y sin embargo el flujo de nuevos afiliados privados al IGSS se viene contrayendo de manera persistente.
Este diagnóstico no es un ejercicio académico. Representa un llamado a revisar la relación entre política salarial, regulación laboral y formalización. Mientras el umbral de costo de la formalidad siga elevándose por encima del crecimiento de la productividad, el desacople entre producción y empleo formal privado tenderá a persistir, con consecuencias directas sobre la competitividad, la cobertura de seguridad social y la calidad del empleo en Guatemala.

