Hoy, 22 de abril, hace su recorrido final, en la ciudad la Marcha por el Agua, la Madre Tierra, el Territorio y la Vida. Indudablemente una acción política digna de admirar y que ha despertado la atención de múltiples sectores, así como el interés de innumerables actores a nivel nacional e internacional. Es además una de las pocas muestras tan claras de expresiones ciudadanas que articulan, convocan y aglutinan las demandas campesinas y rurales con las urbanas y de la capital.
En cuestión de una semana, estas y estos caminantes han dado un ejemplo a la humanidad. Estos y estas caminantes que saben bien, como dice el poema, que “no hay camino, se hace camino al andar, al andar se hace camino y al volver la vista atrás se mira la senda que nunca se ha de volver a pisar…”. Estas mujeres y estos hombres están dando una lección de amor, para combatir la indiferencia, la ambición desmedida, la corrupción y en una palabra, la destrucción.
Destrucción que consciente o inconscientemente, los seres humanos y este sistema que se ha estructurado profundamente, hemos venido aumentando aceleradamente en los últimos años. Destrucción contra la naturaleza, contra la vida y en concreto contra el agua, que es una necesidad básica de todas y todos.
Con un enorme sentido de responsabilidad estas personas, haciendo un sacrificio admirable, vienen recorriendo grandes distancias para hacer conciencia de la magnitud del problema. Es evidente la gravedad con datos como que hace diez años en la ciudad, para encontrar agua para hacer una construcción, por ejemplo, se tenía que perforar la tierra para hacer un pozo de unos 600 metros y se encontraba la corriente subterránea de agua. Hoy la medida es de al menos 1,500 metros. Lejos de la ciudad es más evidente, al observar el bajo caudal de los ríos y lo contaminados que están.
Entre tanta problemática surge la evidente necesidad de una solución humana, además de un uso consciente, responsable y respetuoso de la vida, una opción es la vía de una Política pública y la legislación pertinentes, en las que prime el interés del bien común, considerando al agua como un bien público y un derecho humano para preservar la vida misma de las personas, así como de su entorno vital.
Tal como lo ha expuesto la Universidad Rafael Landívar en su comunicado al respecto, se requiere de acuerdos nacionales que “permitan la conceptualización, el diseño y la puesta en marcha de una política nacional de agua, territorialmente diferenciada, inspirada en el bien común, con su correspondiente dimensión jurídica (ley de aguas con enfoque territorial) y los instrumentos financieros e institucionales que le otorguen viabilidad”.
Es el momento propicio para reforzar las estrategias de demanda y auditoría social para interpelar a las autoridades del Estado. En este abril que en tantos espacios se celebra un aniversario, ¿de qué?, la lista es vasta, pero resalta la celebración por esa visión que cada día se fortalece de que por medio de la participación, la articulación, la organización, la solidaridad, etc. desde la ciudadanía se puede aportar para construir una mejor realidad en un País con tantas necesidades.
Se espera un recibimiento solidario de estos ríos de personas que desembocarán pronto en la tan simbólica Plaza central, se espera además que ese encuentro enriquezca la convicción de las y los ciudadanos, que son muchos, muchísimos, que a nivel individual como colectivamente, siguen con la voluntad de hacer camino al andar. ¡Yo también me pongo a caminar!

































