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sábado, abril 5, 2025

«Trump y ese maldito sueño americano»

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Luis era el segundo de sus siete hermanos, encargado de sacar adelante a sus hermanos menores y a sus padres, por lo que no vaciló cuando surgió la “oportunidad” de salir adelante en Estados Unidos. La red de los afamados Coyotes tocaron a la puerta de sus padres: “Doña María, le ofrecemos llevar a Luis para que se encuentre con su hermano en Chicago. Y como ya es el segundo le hacemos buen precio, a $10,000 nos llevamos a Luisito bien cuidado”. Como si se tratara de una máquina del tiempo, pero “hacia el desarrollo”, los padres de Luis consideran sin ninguna duda que es hora de enviarlo para que tenga mejores oportunidades en la vida al igual que su hermano. Chicago: la ciudad del viento. “Te deberías venir. Acá hay chamba y vieras los edificios. Ni lo pensés.” Hicieron el trato. Luis se iba en la siguiente tanda.

En el transcurso en México, Luis, de 11 años, fue violado dos veces. Una vez en territorio Zeta y otra por el mismo traficante que decía protegerlo para entregarlo a su hermano. Es “el derecho de piso” literal para poder entrar a EE.UU. Luisito solo pensó que eso lo olvidaría en el momento de ver los edificios de Chicago. Aplicaría la memoria selectiva y el poder de la negación y listo. Pero al pasar el muro de Trump, a Luis lo dejaron solo, a la deriva, porque empezó a perseguirlos la patrulla federal. Luis, en medio del desierto, después de varios días y sin alimento, cayó derrumbado y como un mártir de la nueva generación, se dejó morir.

Luis murió huyendo de una sociedad en putrefacción, donde es preferible el arriesgarse a sucumbir en un desierto antes que quedarse en el sufrimiento y martirio de vivir en esa Guatemala que es la de la mayoría, bajo coacciones de maras, pandillas y un círculo vicioso de pobreza donde nadie se supera porque las oportunidades son escasas y sobre todo, el mismo sistema social promueve el no progreso: es mejor vernos a todos bien jodidos que ver a alguien que sale adelante. Guatemala es un balde lleno de cangrejos.

John Kelly, el Secretario de Seguridad Nacional del Gobierno de Donald Trump, visitó estos días nuestro país. Sugirió “a las excelentes personas de Guatemala que están pensando tomar esa decisión… para llegar a los Estados Unidos, que no tomen este riesgo, ponen en riesgo su vida y la de sus preciosos hijos”. Esas declaraciones luego de darles en persona una “feliz bienvenida” a 347 personas deportadas del “american dream”. Los que ya habían decidido irse, hoy se tienen que regresar, pero el problema no es si se quedan o se van. ¡El problema es por qué se van! Porque las condiciones en nuestro país son paupérrimas para esas personas que viven de a pie, porque nuestro estado está podrido, por la descomposición social, porque si triunfas no tardan en llegarte las extorsiones, por el debilitamiento del estado de Derecho, porque el país ¡ni siquiera está listo para recibirlos de regreso! ¡Su país! Y es por eso que prefieren formar parte de la “crisis humanitaria”, arriesgando su vida, muriendo solos en un desierto para dejar atrás esa Guatemala, buscando el nuevo significado de lo que alguna vez fuera el maldito sueño americano. Y Trump cree que con muros se resuelve el hambre.

 

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