Para los países, los beneficios son superiores a los de cualquier otra actividad económica.
La ecuación es simple: por cada dólar invertido en nutrición durante los primeros mil días de vida de una persona, se obtienen US$30 en beneficios relacionados con la educación y la salud.
El cálculo es del Consenso de Copenhague, un grupo de estudios conformado por expertos y economistas internacionales, entre ellos varios Nobel de Economía, y la publicación británica The Economist. El Programa Mundial de Alimentos nos invita a ver la misma realidad, pero desde la perspectiva de las pérdidas.
Esta agencia de Naciones Unidas calcula que combatir la desnutrición en todos los niños menores de 5 años en Latinoamérica costaría unos US$2.050 millones. Sin embargo, el costo de no combatirla oscila entre US$104.000 millones y US$174.000 millones (por mortalidad infantil, pérdida en la productividad por retardo en el crecimiento y pérdidas por enfermedades crónicas, entre otras causas).
En suma, por donde se mire, invertir en la nutrición de los niños, especialmente durante sus primeros mil días de vida, es rentable; y los gastos que implica son infinitamente menores que los costos de no hacer nada al respecto.
Fuente: Banco Mundial



































