Con situaciones parecidas algunas personas sienten que no hay salida, que están al borde de un abismo, otras sienten estrés, miedo, ira, frustración o depresión y otras simplemente afrontan la situación y salen adelante. Nosotros mismos hemos experimentado situaciones que nos ponen al borde del abismo, o nos hacen sentir estrés o miedo y otras situaciones las manejamos espectacularmente bien.
La diferencia entre las personas felices y las que no lo son depende de la forma en que aceptamos y manejamos esas situaciones difíciles. Esa diferencia la hace la resiliencia, ser capaces de superar perturbaciones, traumas, adversidades o situaciones de alto riesgo y estrés, recuperarnos y salir fortalecidos.
Esta es la diferencia entre las personas resistentes y las resilientes, las resilientes aprenden de esa situación y salen fortalecidos para la siguiente, las resistentes se ponen un escudo de dureza que tarde o temprano se romperá y una vez que se rompe es cuando podemos continuar adelante y hacia arriba, es decir, ser resilientes.
Un punto importante es que todos podemos ser resilientes. Unos lo son naturalmente y otros tenemos que trabajar para desarrollarla.
Después de leer varios autores del tema, en resumen, esto son para mí los pasos más efectivos para desarrollar la resiliencia:
Paso 1: Mejora tu autoestima y confianza en ti mismo
Cuesta mucho más levantarte y seguir adelante tras un contratiempo cuando crees que te lo tenías merecido, y resulta mucho más fácil aprender de los malos momentos para evitar que vuelvan a ocurrir si te quieres lo suficiente como para decir: «Ok, ¿qué puedo aprender de esta experiencia?».
Una buena autoestima actúa de escudo contra los comentarios dolorosos, te ayuda a aceptar abiertamente los cumplidos y te permite considerar objetivamente las críticas constructivas. Tener una buena autoestima se consigue logrando el equilibrio en la vida intelectual, el cuerpo y la parte espiritual.
Conócete: Conocerte mejor, incrementa tu confianza y resiliencia, te comprendes más y eres más flexible. Para hacerlo identifica a través de diagnósticos o tu propia autoevaluación tus fortalezas y debilidades. Al menos ten claras unas 20 a 25 habilidades, fortalezas y competencias.
Por ejemplo: Se me facilita encontrar soluciones a los problemas, soy muy concreta, sé escuchar, soy buena dirigiendo equipos, disciplinada, ordenada, perseverante, puntual, me gusta leer, cocinar, optimista, me gusta estar en constante aprendizaje, honesta, hábil aritméticamente, medito, visión de futuro, tomo riesgos, buenas relaciones personales, emprendedora, cariñosa, creativa y sé delegar.
Paso 2: Acepta las situaciones
Evita ver las situaciones o crisis como problemas insuperables. No puedes cambiar el hecho de que situaciones estresantes suceden, pero sí puedes cambiar la forma en cómo decides interpretar y responder a esos eventos. Trata de ver un poco más allá del presente cómo las circunstancias futuras podrían ser un poco mejor.
Aceptar el cambio es parte de nuestra vida. Algunas metas puede que ya no sean alcanzables debido a situaciones que no puedes controlar. Entender que ciertas circunstancias no pueden cambiarse te ayudará a enfocarte en aquellas que sí puedes alterar. También puedes encontrar un significado, un propósito a esa situación adversa que te permita verla con otros ojos.
Paso 3: Manejo de emociones
Las personas resilientes tienen la habilidad de saber experimentar tanto las emociones negativas como las positivas aún en las situaciones difíciles. Ante situaciones difíciles las personas no tan resilientes sienten puras emociones negativas. De diferente manera las personas resilientes tienden a encontrar algo positivo hasta en las peores circunstancias; no evaden la situación, simplemente ven algo bueno en lo que está sucediendo.
Por ejemplo, piensan: “Por lo menos tengo trabajo y una familia o no me está pasando algo peor”. Se abren a sentir ambas emociones, lo que hace más fácil encontrar soluciones.
Es perfectamente normal sentir miedo cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles de manejar.
“Siente el miedo, pero hazlo de todos modos”
La única forma de ir incrementando nuestra resiliencia y autoestima es haciendo frente al miedo.
- Acepta que sientes miedo
- Respira varias veces inhalando profundamente y exhalando todo el aire por la boca
- Imagina cómo te sentirás una vez que hayas logrado el objetivo
- Define a qué le tienes miedo, al fracaso, al ridículo, a la falta de dinero, a la soledad, a las críticas, etcétera. Y haz una lista
- Imagina ¿cómo se vería la situación si no fuera exitosa? (¿cuántas veces tienes que ver una película de horror para que te deje de dar miedo? Siéntelo y vívelo
- Recuerda que eres humano y el miedo es una respuesta natural y sana. Lo que no es sano es que te paralice
Controla lo que puedas controlar y el resto será aprendizaje
Paso 4: Desarrolla creencias expansivas
Recuerda que la forma en que interpretas las situaciones es fundamental para ser resiliente. Para esto es indispensable que practiques el desarrollar creencias que te apoyen mental y emocionalmente. Algunas creencias que puedes tener son:
- Controla lo que puedes controlar, lo que no, suéltalo
- Cada problema o situación es una oportunidad para algo
- Se vive para aprender
- Reconocer los errores y aprender algo de ellos aumenta la confianza
Paso 5: Describe tu plan de acción
Para sobreponerte a las adversidades es fundamental que aprendas a desarrollar planes realistas con los pasos específicos para llevarlo a cabo. Empieza con pequeñas acciones fáciles de realizar, con esto incrementarás tu confianza y motivación para seguir. Visualiza dónde quieres estar después de esa situación, mantén una actitud optimista. Y, por último, celebra cada pequeño y gran logro que vayas alcanzando.
Paso 6: Ríete
Reírse frente a la adversidad puede ser muy sanador, tanto para el cuerpo como para la mente.
“Cuando sales de la tormenta no eres la misma persona que entró en ella. De eso se tratan las tormentas”. Haruki Murakami
Fuente: Entrepreneur
Fuente Fotográfica: Entrepreneur