Netflix, Uber, Spotify son sólo algunos de los ejemplos de empresas disruptivas que hackearon el modelo tradicional de cómo se hacían los negocios. Estos modelos de trabajo eran más rígidos en la planificación del desarrollo de un proyecto, con plazos de entrega y de tareas que limitaban las posibilidades de ajustes en el producto final (proyectos llave en mano). De esta manera, la economía digital acelera el ritmo de desarrollo y de los procesos, lo que permite a las empresas posicionarse frente a otras con productos mejorados y diferenciados y afrontar los desarrollos de maneras mucho más agiles. Esto permite lanzar al mercado, por lo general, productos en mucho menos tiempo y dinero.
Por este motivo, la gestión ágil de proyectos se ha expandido a un gran número de empresas, sin importar su tamaño y sector. Inicialmente las metodologías ágiles surgieron de empresas tecnológicas y de desarrollo de software, pero ahora resulta útil para cualquier empresa que se mueva en contextos inestables y que necesita mayor flexibilidad y capacidad de adaptación al cambio.
Hoy, escuchar palabras como Scrum, Sprint o Kanban son de uso cotidiano, aunque no es extraño que todavía hay emprendedores que no las conocen porque están iniciando o porque están en una etapa más consolidada, o simplemente dejaron de actualizarse. Por eso es importante recordar que:
- SCRUM sirve para organizarnos creando un marco de trabajo ágil ajustado a las necesidades de cada empresa.
- KANBAN nos ayuda en la gestión y visualización de las tareas (a través de Trello, Asana o Jira).
- Extreme Programing (XP en los proyectos tecnológicos) para fijar reglas de trabajo entre los developers.
- Design thinking: pone al usuario en el centro de atención para el diseño de productos o servicios. No sólo está siendo usado por startups y emprendedores, sino que también grandes empresas lo incorporan como parte de su día a día para generar soluciones que aporten valor a sus clientes.
Por su parte, el método Modern Agile se encarga de darnos pautas de trabajo para crear grandes cosas y tiene cuatro premisas:
1. Ayuda a la gente a crear o lograr cosas impresionantes
Lo que importa son las personas y lo que hacen con tu producto. Piensa a dónde quieres llevar a tus usuarios (UX) ; parte de eso para saber a dónde tienes que llevar tu producto. Además, para lograrlo necesitas que toda la cadena implicada en el producto disfrute con él, empezando por el mismo equipo que lo hace.
2. La seguridad es un requisito básico: seguridad no quiere decir que encriptes los datos y protejas tu base de datos, sino que las personas de tu equipo no tengan miedo a cometer errores.
Para crear grandes cosas es necesario experimentar, hacer cambios. Es imposible que alguien se arriesgue a salir del camino marcado y experimentar si tiene miedo a que se le despida por “equivocarse”.
3. Experimenta y aprende rápido (learn by doing): la única forma de aprender es experimentando y la única forma de mejorar tu producto es aprendiendo. Además, debes hacerlo rápido. Para ello, es necesario que hagas tus experimentos “seguros de errores”, lo que no significa que no se equivoquen, sino que lo hagan de forma controlada.
Por ejemplo, si lanzas una nueva funcionalidad y se te cae el sistema, hay que estar preparado para dar marcha atrás de forma rápida. Y recuerda, si no estás aprendiendo es que estás haciendo pocos experimentos.
4. Entrega de mejora continua: si no aportas valor constantemente, no estás ayudando a que las personas creen o logren cosas impresionantes.
Tus proyectos y emprendimientos serán más ágiles si tienes presentes estas pautas, consideras las necesidades del usuario y haces las cosas ligeras y divertidas.
Fuente: Robb Report