La pandemia nos ha llevado a modificar hábitos y formas de relacionarnos que se reflejan en nuestra vida cotidiana. Para Nicolás Díaz Jimeno, Director General de Open Box Comunicaciones y analista, la nueva normalidad se ha convertido también en un reto para las marcas que una vez más deben enamorar a los consumidores para construir una relación duradera sustentada en el amor.
Pluma invitada
¿Qué es el amor?
El amor es un sentimiento de afecto que se tiene hacia una persona, animal o cosa.
La definición anterior es una forma de explicar el título de este artículo, que nada tiene que ver con el amor entre parejas, o entre amigos o familias, y tiene que ver todo con eso, porque al final, cada decisión que tomamos los seres humanos, la hacemos basados en dos sentimientos básicos, amor o miedo, y eso también se aplica a las compras que hacemos.
Es por eso que las marcas apelan en la búsqueda de llamar la atención del consumidor a distintas estrategias, no solo mercadológicas, sino también a otras ramas del saber como la psicología, sociología, entre otras, con el único fin de llevar a las personas a comprar, y muchas veces,esas compras son de objetos que no necesitan.
Escoger un producto de determinada marca sobre el mismo tipo de producto de otra, es sin duda un acto de amor, no olvidemos que las decisiones de compra son ante todo emocionales, en su inmensa mayoría, y luego el cerebro en un ejercicio de balance inicia un proceso de justificación racional para esa decisión, allí escuchamos en nuestra mente cosas como, es que no lo tenía en ese color, es que estaba con el 25% de descuento, es que con esta compra ayudo a una obra social, y todas las anteriores son excusas.

En estos tiempos de pandemia el amor se ha puesto a prueba, y no solo hacia las marcas y los productos, también entre los seres humanos, es triste escuchar como parejas de amigos, novios, pero más que todo esposos, no han soportado la presión de la convivencia diaria de más de seis meses, y han salido a flote esqueletos guardados en el closet de las relaciones, todo está en juego y en la cuerda floja, todo lo anterior incluye a las marcas también.
Cuando una persona decide ordenar comida a domicilio, salir a comer a un restaurante, pedir algo en el mercado de una marca en particular, ese es un acto de amor, escoger, es de alguna manera renunciar a lo demás, como cuando uno se casa, al elegir a un compañero de vida, uno se sobrepone a los miedos de lo inesperado, de lo nuevo, pero el amor vence todo, hasta el miedo de poder contagiarse del covid al pedir algo vía cualquier plataforma digital del internet.
Las marcas que sobrevivan la pandemia se habrán graduado como una Lovemark, porque las personas las seleccionaron por encima de otras, ya no se trata de un proceso normal de compra, hay otros factores involucrados, entre ellos, sin duda, el amor.
Ahora bien, la otra emoción,el miedo, también está haciendo lo suyo en esta época tan sorprendente que estamos viviendo, ya que las decisiones de compra están fuertemente influenciados por el, los productos de limpieza, aseo y desinfección jamás se imaginaron ni en sus mejores proyecciones de venta y/o análisis de mercadeo que el miedo y la pandemia se convertirían en su mejor campaña publicitaria, ya que como nunca en la historia de la humanidad esos productos que antes se compraban casi en automático, y con base en cosas como el olor y el color, hoy están en la batalla por la mente del consumidor desde otra perspectiva, la de ofrecer que elimina virus, bacterias, etc, el miedo a contagiarse, nos ha llevado a buscar ese producto que de alguna manera nos garantice que no sucederá.
Amor y miedo, emociones tan poderosas que no somos conscientes que nos impulsan a movernos en una u otra dirección de la vida, desde si nos casamos o no, hasta los zapatos, el carro, y el detergente que vamos a usar en la casa o en la oficina.
Las marcas no pueden seguir gestionando sus relaciones con los consumidores como antes de la pandemia, ya el consumidor era promiscuo, con poca fidelidad, hoy seis meses después, hay que ir por ellos, no desde la perspectiva del galán, desde la posición de diva, sino con un profundo deseo de crear una relación estable y de larga duración basada en el amor.


































