Abuelos que disfrutaron el libro en su niñez y lo siguen leyendo, se lo presentaron a sus hijos en la infancia y estos a su vez, se lo leyeron a los suyos, lo que convierte al Principito en un texto de esos que se transmiten por generaciones.
Redacción Perspectiva
El niño curioso e insistente que bombardeaba a un aviador con preguntas difíciles pidiendo dibujos que luego criticaba, llega invicto a los 78 años.

Para los guatemaltecos, el libro es muy especial porque más de un crítico cree que Guatemala fue inspiración y parte del escenario del libro, ya que Antoine de Saint-Exupéry tuvo un percance con su avioneta en este país y se recuperó de sus heridas en Antigua Guatemala, que se ha identificado como la ciudad «de las rosas» que menciona el autor.
Otros escenarios probablemente chapines son los tres volcanes del Principio, uno extinguido y que podrían ser Agua, Fuego y Acatenango.
Además, se ha mencionado al Cerro de Oro de Atitlán como inspiración de la boa tragada por un elefante que el piloto dibuja para el niño.

En cualquier caso, el libro es uno de esos clásicos indispensables que se disfrutan a cualquier edad y para toda la vida, por la intensidad de la narración y los personajes entrañables que hace 78 años fueron creados por un escritor y piloto que resultó varado por un tiempo en Guatemala.






























