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Caravana migrante: ¿crisis humanitaria o utilización política?

Uno de los temas más mencionados actualmente es la caravana de migrantes que hace diez días partió de Honduras. Las opiniones van desde la demanda de atención humanitaria para la crítica situación de estas personas, hasta la denuncia sobre un plan organizado por sectores de izquierda y que incluiría la infiltración de sujetos peligrosos para la seguridad estadounidense. Más allá de estas interpretaciones, la realidad es que hasta el momento se considera que unas 7 mil personas, entre hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, intentan llegar a la frontera entre México y EE.UU., cuyo gobierno advirtió a la región que suspenderá la ayuda si no se frena el éxodo. Mario Mérida, consultor sobre defensa y seguridad pública, considera que un manejo estratégico de esta situación debiera pasar por la denuncia del Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte y la reactivación de la unidad regional, reactivando el Plan Trifinio. Adrián Zapata habla de una “visión regional e integral”, que además contemple el desarrollo rural.

Roxana Orantes Córdova

Miles de personas caminan hacia la frontera entre México y Estados Unidos con la esperanza de encontrar asilo humanitario en ese país. Unas dos mil personas salieron de Honduras a partir del viernes 12 de octubre, apenas con lo que llevan puesto. Muchos de ellos viajan con niños y hasta con mascotas.

Julio Hernández Estrada, en la revista Gráfica Internacional, narra: “Traen a sus hijos como salvoconductos, las mujeres embarazadas como escudos y la prensa como un mecanismo de divulgación y simpatía.”

Según Hernández, el primer grupo pasó por Guatemala “como Juan por su casa”, pero seguramente su suerte será muy diferente si logran alcanzar la frontera México-EE.UU. donde no podrán saltar las bardas ni exigir solidaridad.

El 23 de octubre, en conferencia de prensa, el Padre Mauro Verzeletti, de la Casa del Migrante, denunció la existencia de alambre de púas y francotiradores en la frontera de Guatemala con Honduras, así como abusos policíacos contra los migrantes.

Según el sacerdote, es usual que la policía guatemalteca extorsione a los migrantes. “Les cobran Q100 para dejarlos seguir su camino”, afirmó y agregó: “Los migrantes vienen en pésimas condiciones. Los niños con desnutrición, necesidades alimentarias y de atención médica. Llegan hechos trizas. Urge una comisión humanitaria para atenderlos”.

“México debe agilizar el proceso para que estas personas pasen. La migración no es un crimen, es un derecho. Centroamérica debe reconocer que la situación de violencia generalizada y políticas erradas llevaron a sus países a ser estados fallidos. Las personas deben salir de sus países porque carecen de lo elemental para vivir en paz y en un clima de respeto a los derechos humanos”, señaló el religioso, quien informó que en la semana del éxodo, la Casa del Migrante atendió a 11 mil personas. Aunque no todos son parte de la caravana, el dato revela el nivel crítico de las migraciones ilegales.

Ilegalidad y riesgo para la seguridad estadounidense

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), emitió un comunicado en el cual “expresa su preocupación por la situación de la caravana”. El texto señala que solicitar y recibir asilo, cuando hay necesidad de protección, es un derecho. Asimismo, indica, existen convenios internacionales que prohíben la devolución de los migrantes que buscan asilo y exigen la no devolución, así como las expulsiones colectivas.

Según la CIDH, el 21 de octubre retornaron 1,121 migrantes a Honduras y se han producido reacciones hostiles, que incluyen un lenguaje estigmatizante y de criminalización hacia los miembros de la caravana.

En relación con las personas que fueron retornadas a su país, una fuente de la Dirección General de Migración, explicó a Perspectiva:

“Ingresan de manera ilegal. Según el acuerdo CA4, pueden transitar por el país siempre que tengan pasaporte o documento de identificación, pero este no es el caso. Suelen ingresar sin documentos.

El Ministerio de Gobernación y la Policía Nacional Civil (PNC), implementan operativos para verificar quiénes están indocumentados y si hay menores que viajen sin padres o adultos. En estos casos se gestiona el retorno. Hasta el momento unos mil han sido retornados a Honduras, pero no hay estadísticas. Hasta tener un informe consolidado con todos los datos, no puede hablarse de cuántos son”.

El hecho se produce dos semanas antes de que EE.UU. realice sus elecciones de medio tiempo, indicó Hernández en su columna. Según señaló: “El efecto será de mayor número de votos para los republicanos, en un contexto inmediatamente anterior a las elecciones de medio término en Estados Unidos”.

Probablemente, una respuesta drástica le represente mayor número de votos al gobernante Donald Trump, quien aseguró que, si bien no hay pruebas, existe la posibilidad de que haya infiltrados árabes en la caravana.

Trump se mostró inflexible e incluso mencionó la posibilidad de enviar al ejército de su país a proteger la frontera. “Creo que los demócratas tienen algo que ver con esto”, aseguró el presidente, en un evento donde mencionó la cercanía de las elecciones intermedias.

Tyler Houlton, portavoz del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense, afirmó en su Twitter que esa entidad “puede confirmar que hay individuos en la caravana que son miembros de pandillas o que tienen historiales criminales significativos”. A esto, agregó que entre el grupo de migrantes hay ciudadanos que no provienen de Centroamérica, como Medio Oriente, sur de Asia y África.

Entretanto, Mike Pompeo, Secretario de Estado de EE.UU, afirmó: “violan la soberanía, las leyes y los procesos migratorios. Están financiados por George Soros”.

Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras, afirmó que la caravana es una acción coordinada por grupos de la izquierda hondureña, financiados por Venezuela. Si bien este extremo es negado enfáticamente por los defensores de derechos humanos, el hecho es que entre el primer grupo viajaba el periodista Bartolo Fuentes, detenido en Guatemala y retornado a su país.

Fuentes tiene un largo historial como activista de izquierda y fue diputado por el partido Libertad y Refundación (LIBRE), liderado por el depuesto Manuel Zelaya. Según el gobierno de Honduras, Fuentes realizó una “constante promoción” de la caravana en sus redes sociales. Entre su historial, resalta el aval a los migrantes indocumentados que le ha valido ser tildado de «coyote» por sus opositores políticos.

Esto, en cuanto a la influencia de personas o grupos de izquierda en la caravana. En relación con la infiltración de migrantes de otras nacionalidades,  aunque no se ha comprobado, en Guatemala se mencionó que el 23 por la noche habrían sido detenidos ciudadanos de Haití y Camerún, que viajaban con los centroamericanos.

La integración regional como una salida digna a la crisis

Independientemente de qué motiva a cerca de 7,000 personas a caminar bajo las inclemencias del tiempo y arriesgarlo todo por una promesa de asilo humanitario en EE.UU. que definitivamente no se realizará, el hecho puede ser el inicio de una crisis humanitaria que debilite aún más la precaria gobernabilidad de la región.

Consultado por Perspectiva, Mario Mérida dijo: “Claramente, el origen de la caravana no es espontáneo. Surge como una respuesta a la reunión de los mandatarios del Triángulo Norte con el presidente estadounidense, que dejó un mal sabor de boca en cuanto a lo que la región necesita de EE.UU. sobre el tema migratorio.

Refuerza la idea de una crisis en la región, donde privan la violencia, desempleo y otras condiciones que ponen en cuestionamiento la efectividad del Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte.

Los países no atendidos comienzan a volcarse hacia China, que con Honduras y Guatemala, tendría garantizado un corredor terrestre desde Panamá hasta EE.UU.  Parece como si China le estuviera ganando el pulso a Rusia, en el afán de tener influencia en la región.

Otro aspecto relevante es la posición de México. Claramente, Enrique Peña Nieto no tiene intención de asumir ninguna responsabilidad mayor, cuando le queda tan poco tiempo en el gobierno.

Por otra parte, Andrés Manuel López Obrador anunció que abrirá las puertas del asilo a los centroamericanos. Este sería un aspecto de tranquilidad parcial para EE.UU. puesto que muchos de estos asilados podrían pasar ilegalmente a territorio estadounidense.

Guatemala es el receptor primario de las migraciones. Necesita establecer protocolos claros, consolidar una arquitectura estratégica apoyada por ONG´s como la Casa del Migrante, lo que reduciría costos al gobierno, entre otros aspectos en la carga de señalamientos por temas de derechos humanos.

El espacio de la frontera entre México y Guatemala se va a enrarecer más. No debe dejarse de lado que es un sitio predilecto para el narcotráfico y que ahí se trasiega amapola.

El gobierno guatemalteco podría redignificarse ante la actitud de Trump si denuciara el Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte y asumiera que lo correcto sería enfocar los esfuerzos hacia iniciativas como la reactivación del Trifinio”.

Con esta postura, que privilegia la integración sobre la dependencia centroamericana de EE.UU. coincidió Adrián Zapata, doctor en Ciencias Sociales y abogado, quien en su columna de opinión afirmó:

“Los estados centroamericanos expulsan a sus habitantes de sus territorios de origen, fundamentalmente rurales, donde no existen condiciones que permitan aspirar a una vida digna.

La crisis puede ser una oportunidad para plantearse una visión alternativa a la hasta ahora prevaleciente, que ha girado alrededor de los intereses geopolíticos de los Estados Unidos, particularmente de su seguridad nacional.

Y esa visión alternativa es la que denominamos regional e integral. Una alianza estratégica entre el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y el gobierno mexicano cuando esté encabezado por López Obrador para impulsar esta visión y construir una estrategia correspondiente, en la cual el tema del desarrollo rural debe estar al centro”, puesto que la mayor parte de quienes migran ilegalmente, lo hacen empujados por la falta de desarrollo en las comunidades rurales de la región.

Independientemente de quién haya organizado esa marea humana y de a qué sector pudiera favorecer, el hecho es que miles de centroamericanos transitan a pie y sin las condiciones básicas de dignidad, arriesgando la salud e incluso la vida, para encontrarse al final del viaje, con que EE.UU. no les permitirá el ingreso a su territorio y probablemente, usará la fuerza para rechazar su ingreso ilegal.

El hecho tiene varias lecciones, de las que vale la pena mencionar algunas: en primer lugar, las democracias centroamericanas le han fallado a sus ciudadanos, especialmente a los habitantes de áreas rurales. En segundo lugar, el Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte comienza a parecer un intento fallido, similar al de la Alianza para la Prosperidad, en los años sesenta. Y sobre todo, es evidente que la orquestación de este éxodo se organizó desde una perspectiva perversamente política, y que el bienestar de los migrantes es lo que menos le interesa a quien planificó utilizar a los más necesitados de la región como peones en un ajedrez contra los gobiernos democráticos centroamericanos y para presionar a Trump.

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