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viernes, mayo 8, 2026

Libertad de expresión bajo ataque

Por: Redacción

Cuando un periodista es asesinado, su muerte constituye un ataque contra la libertad de expresión. No importa el móvil del crimen o la ideología del asesinado. El hecho es que se silencia una voz incómoda para algunos. El reciente crimen contra José Daniel Rodríguez debe ser investigado, afirman periodistas, abogados y personas que lo trataron.

Quienes lo conocieron afirman que era un hombre amable, buen conversador y lector incansable. “Era protector de los animales. Buena persona, le gustaba adoptar perros y animalitos abandonados. Uno de los fundadores de la publicación El Vigilante, fue muy apreciado en la Universidad Francisco Marroquín, donde estudió Derecho”, recuerda el columnista José Federico Rodríguez-Paul.

Escritor y columnista de opinión, José Daniel también era un personaje polémico en las redes sociales. Sus comentarios incisivos y producto de la investigación, le reportaron varios enemigos virtuales, a quienes respondía los insultos y amenazas con argumentos que respaldaban sus puntos de vista, planteados en frases lapidarias.


Según Rodríguez-Paul, José Daniel fue una persona muy querida para quienes lo conocieron. Hace poco más de un año había perdido a su madre y vivía solo, pero siempre estuvo rodeado por amistades y personas que disfrutaban de su buena conversación y su compañía. “A pesar de que le llevaba unos 20 años, nos llevábamos muy bien. Él tenía edad como para ser mi hijo”, dice.


En su último mensaje en Twitter, el 8 de abril, anunció que publicaría un artículo con el tema: “Se busca fiscal general independiente”, y afirma: “hago ver algunos aspectos, escenarios y graves riesgos que debemos tener presentes”.

Al día siguiente, se presume que desapareció y el 10 fue encontrado su cuerpo envuelto en una sábana, con las manos atadas y salvajes señales de violencia. Según el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), murió “asfixiado por ahogamiento”.

El abogado Raúl Falla, vicepresidente de la Fundación contra el Terrorismo, afirma: “Era un libertario autor de artículos en los que se mostraba partidario del Estado de Derecho. Muchos de quienes lo criticaban lo trataron de descalificar con apodos despectivos. Aunque la delincuencia nos tiene rodeados y no podemos asegurar que se trata de un crimen político, exigimos el esclarecimiento de este hecho”.

Con 46 años, el escritor y periodista independiente era un autodidacta que leía constantemente y realizaba cuidadosas investigaciones antes de publicar sus columnas, dice el abogado Giovanni Fratti, de Guatemala Inmortal.

“Estudió en el Liceo Guatemala y era un joven muy inteligente, acucioso investigador periodístico y convencido defensor del liberalismo republicano. Participó en política apoyando a diferentes personalidades, como Zury Ríos, Alejandro Giammattei y Eduardo Suger Cofiño”, menciona Fratti, quien agrega que su muerte constituye un acto de salvajismo y cobardía extrema.

Fratti también duda que el hecho reciba la investigación que merece y para avalar esto, recuerda los casos de Eduardo Weymann y Rodrigo Rosenberg.

El licenciado Mario Fuentes Destarac, presidente de la Cámara Guatemalteca de Periodismo, expresa: “Como cámara estamos indignados por la desaparición y el crimen atroz contra este columnista de República. Lamentamos el crimen y exigimos que se investigue este hecho de sangre. Los responsables deben ser juzgados, condenados y encarcelados”.

¿Una muerte anunciada?

Hace apenas seis meses, el 12 de octubre de 2017, José Daniel le dijo a uno de sus contactos de Facebook: “Quiero comentarte algo, ayer me asaltaron, me robaron documentos personales, mi teléfono. Pero lo que más me llama la atención es que me dijeron: Y ya dejá de estar hablando y escribiendo babosadas…no puedo asegurarlo, pero me temo que sea más un acto intimidatorio que un asalto, fue enfrente de mi casa, me dieron con un tubo en la cara”.

Este diálogo fue publicado luego del asesinato y es un elemento que podría contribuir con una investigación del crimen: ¿quién asaltó a Rodríguez en octubre pasado y por qué lo amenazaron para que dejara de expresarse libremente?

Rodríguez siempre expresó su posición abiertamente: defensor de los militares juzgados por genocidio, argumentó en varios artículos por qué consideraba que Guatemala jamás fue un estado genocida. Su defensa de los militares señalados y su posición de fuerte crítica ante el comisionado Iván Velásquez, lo ubicaron en una posición antagónica ante la “buena prensa” y el consenso en el apoyo incondicional que un sector de la sociedad le otorga a Velásquez, a la CICIG y a la fiscal Thelma Aldana.

Ello le valió diversidad de críticas, amenazas, burlas y ridiculizaciones por parte de quienes consideran que toda el que ose criticar a Aldana-Velásquez, o negar el genocidio,  es un defensor de la corrupción. A Rodríguez, este consenso mediático nunca le preocupó y no parecía resultar afectado por las agresiones de los autonombrados portadores de la lucha en pro de la transparencia, dicen quienes lo trataron.

Según el informe de la reunión de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Medellín, Colombia, entre el 13 y 15 de abril de este año, en Guatemala: “En este período se ha intensificado la polarización entre quienes apoyan y no el trabajo de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), así como al Comisionado Iván Velásquez”.

Es en este contexto de polarización que se produce el asesinato contra el escritor y periodista, presentado como “twittero” ante la opinión pública, aunque ejercía el periodismo de investigación y opinión por lo menos desde 2013.

El hecho resulta tan perturbador que incluso sus detractores y las personas a quienes Rodríguez señalaba en sus escritos, se pronunciaron contra este asesinato que puede o no ser político, pero que en cualquier caso, es un grave atentado contra la libre emisión del pensamiento.

 

 

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