Aunque el lunes 20 de julio se dio a conocer en el mundo que la vacuna contra el COVID-19 “es segura y fue probada”, la realidad es que en septiembre comenzará la Fase III o pruebas masivas, que deberían comenzar en septiembre y alcanzar por lo menos a 30 mil personas.
Redacción Perspectiva
La farmacéutica AstraZeneca, con sede en el Reino Unido y que trabaja en conjunto con la Universidad de Oxford, anunció recientemente que en dos meses tendrán lista la vacuna contra el COVID-19.
Además, se divulgó que la farmacéutica ya tiene un acuerdo para entregar unos 400 millones de dosis y capacidad asegurada para distribuir el fármaco, que estaría disponible en septiembre.
Sin embargo, de lo único que hay certeza es que el 20 de julio se anunció que había concluido la Fase I en la prueba de la vacuna y que esta había dado resultados alentadores, puesto que generó inmunidad, fue tolerada y se considera segura, pero lejos de ser un resultado concluyente, es el informe de las primeras pruebas hechas en el Departamento de Medicina de Oxford que tardará un buen tiempo en ser testeada en un número significativo de personas.
El comunicado de prensa que AstraZeneca divulgó en mayo informaba que la vacuna estaba en las primeras fases clínicas y anunciaba que, si los resultados eran positivos se realizaría la Fase III de pruebas clínicas, con más de 30,000 participantes.
Esto coincide mucho más con la realidad de las vacunas: producir una puede llevar muchos años, y en el caso de los virus, incluso puede ser imposible, han mencionado varios científicos que estuvieron involucrados en la búsqueda de una vacuna contra el VIH y le apuestan más a los tratamientos, entre antivirales, antiinflamatorios e inmunosupresores, indica Policy Cures Research.