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Amaranto, la planta sagrada de los mayas que permite hacer desde helados hasta croquetas

De esta pequeña semilla se pueden hacer muchísimos platillos deliciosos. Hoy te traemos la propuesta del helado de amaranto, un postre cremoso y nutritivo.

Redacción Perspectiva

El amaranto es una planta con muchas propiedades curativas y alimenticias. De sus semillas se obtiene harina que puede ser usada en diversidad de recetas, pero las semillas tostadas también son un rico alimento, además de las hojas.

Hace más de 500 años, el amaranto era uno de los alimentos básicos en Mesoamérica, tan importante como el frijol y el maíz. Algunos autores señalan que los mayas fueron los primeros en cultivarla y luego llegó hasta los aztecas e incas.

Los aztecas solían usar las semillas para ceremonias en las que mezclaban ese polvo con miel e incluso con sangre de víctimas humanas. Con la pasta, formaban ídolos que después comían.

En 1519, cuando Hernán Cortés conquistó el imperio azteca, las ceremonias se prohibieron y Cortés mandó a quemar los cultivos. La ley contra el amaranto fue implacable y a las personas sorprendidas con el grano se les cortaban las manos.

Centenares de años después se descubrieron las múltiples propiedades de la planta que ahora es reivindicada por quienes promueven un estilo de vida saludable. Con sus semillas se preparan deliciosos platillos, entre estos el helado:

Helado de crema y yogur con amaranto

Ingredientes para cuatro personas

Preparación

Mezclar la crema de leche, el azúcar y la harina de amaranto. Batir hasta que tome consistencia.

Agregar la leche en polvo, las semillas y el yogurt. Mezclar, pasar a otro recipiente (puede ser el de la batidora) y  poner en el congelador.

Cada 30 minutos, sacar del congelador y batir con batidora, cuando la mezcla comience a congelarse. Esto permite que se rompan los cristales de hielo, para que el helado salga cremoso. Después de batir varias veces, verás cómo tu helado comienza a formar una consistencia cremosa, tal como si lo hubieras ido a comprar a la heladería más cercana.

Cuando termines de romper los cristales de hielo y el helado esté cremoso, será momento de servirlo. Y aunque pase días en el congelador, no se volverá cubo de hielo.

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