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sábado, junio 13, 2026

Anastasia Mejía, de la presunción de inocencia a la presunción de racismo

Por Julio Abdel Aziz Valdez

Se esta convirtiendo tendencia en Guatemala que, de la presunción de inocencia, ante acusaciones penales, en el caso de periodistas de izquierda, feministas o etnicistas, este principio legal se convierte en garantía de inocencia, un abogado defensor puede acudir a tribunales prácticamente con los ojos cerrados porque la presión de los medios dictarán su absolución sin más preámbulo.

El 24 de agosto del presente año, en medio de las medidas de confinamiento y precaución dadas por la pandemia de COVID 19 un grupo de vecinos asaltan las instalaciones de la municipalidad de Joyabaj, Quiche y se dedican destruir las instalaciones, el grupo de inconformes que luego se convierten en vándalos y agresores, superaron a las fuerzas del orden público y como ha sucedido en otras oportunidades el lenguaje violento se impuso.

Luego de que el fuego se apagó, que la calma regresó al pueblo, el alcalde en funciones y otros vecinos explicaron que detrás de estos eventos, además de dirigentes políticos que siempre quedan inconformes con los resultados en las urnas y que esperan el momento para cobrarse la factura, estaba la dueña de una radio local Anastasia Mejía Tiquiriz.

Luego de la investigación y de la recopilación de pruebas el día miércoles 29 de octubre del presente año, el juzgado de Santa Cruz del Quiche decide ligar a proceso a la señora en cuestión por sedición y atentado con agravación de la pena, es obvio que el actuar del Juez se basa en las pruebas testimoniales y periciales recogidas por el Ministerio Público.

Pero…! En el momento que la señora Mejía Tiquiriz, que aún debe ser juzgada y vencida en juicio, la bien aceitada maquinaria de ongs y periodistas correctivos han acudido en su defensa utilizando los argumentos de: racismo y de que esto es un ajuste de cuentas por su labor “contra la corrupción” de la corporación municipal, que por cierto no está en juicio en este momento.

Ya es sintomático que la izquierda denostada asuma que hay de violencia a violencia, la eterna paradoja, y es obvio que en su visión encumbrada en superioridad moral asume que si una periodista (que fácil es asumirse como tal en Guatemala) afirma que aquellos destrozos y pillaje eran “válidos y genuinos”, y que ella, por ser periodista y además indígena tiene la razón, pues bien la tiene y ya, o al menos eso opinan columnistas y medios electrónicos deseosos de encumbrar a la nueva mártir de la verdad.

¿En que mundo vivimos cuando la presunción de inocencia se convierte en garantía de la misma solo por razones étnicas, de oficio o por género? la presión del lobby correctivo intenta levantar un cerco en torno a los juzgadores para que la impunidad prevalezca por encima de los hechos. Si en realidad no hubo participación de la imputada “periodista”, en esta parte los hechos hablaran por ella, y no la presión mediática tendenciosa, de ser así es hora de que la justicia y la ley servirán de tapete para el discurso violentista.

Y para los que gritan racismo, que en realidad es el uso de la acusación selectiva, no hay más racismo que el plantear que hay personas encumbradas del aura de superioridad moral sobre los demás. Ese discurso de lucha contra el racismo a creado “seres de luz” que no merecen siquiera que se les señale, este tipo de argumentos esencialistas que alimentan al cada vez más al tóxico y destructivo discurso etnicista.

Y finalmente por supuesto que se debe alentar el trabajo periodístico serio y profesional, comprometido contra la corrupción, venga de donde venga, incluyendo dentro de la cada vez más retorcida mente supremacista de la casta periodística correctiva de izquierda que intenta imponer con lastimeros discursos su visión del mundo.

 

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