Por: J. Federico Rodríguez-Paúl L.
Para nadie es secreto el deterioro lamentable sufrido por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como ente garante de la paz mundial y en cualquier sentido educador de los países más pobres y esclavos de la ignorancia e incultura generales, puesto que desde diversos niveles y oficinas de la misma durante los últimos diez o doce años, hemos visto proliferarse de manera decepcionante el discurso de odio, el racismo y la instrumentalización de la política de los derechos humanos para extorsionar naciones, que son acusadas al gusto y antojo de una creciente burocracia formada por enormes grupos de verdaderos parias, entre quienes que se cuentan funcionarios desplazados por no encontrárseles ya espacios en sus propios países o haber incurrido en graves delitos, por lo cual han sido “refugiados” por sus contactos o amistades dentro de la organización internacional logrados en virtud de razones ideológicas, encontrándose en alguna de las crecientes e innecesarias oficinas de la entidad, prologando el mal que originó su traslado.
Guatemala también destaca de forma especial a estas alturas, luego de la acelerada evolución de consecuencias, por haberse plegado el interés nacional a Naciones Unidas como representante de la comunidad internacional, dándole el papel de testigo presencial, revisor y verificador de los acuerdos y proceso que culminó –supuestamente—con el llamado de “la paz firme y duradera” un 29 diciembre de 1996 ahora es ejemplo de nación agredida y hecha víctima, de parte de sus múltiples dependencias, de una inmutable y prepotente ONU hoy por hoy, abundante en “superintendencias” con poder mediático, entre las que sobresale la del “Comisionado de los Derechos Humanos”. Esta, sin moderación de ninguna clase se involucró en empujar la pretendida “reforma constitucional” a principios del año que concluye, aprovechando las aún bastante anormales circunstancias de estado prevalecientes entonces, dentro de la coyuntura inducida en gran parte por la injerencia funesta en el proceso de la renuncia y proceso judicial del presidente Otto Pérez Molina, que protagonizó arbitrariamente el incapaz y atolondrado que fungía como embajador de Estados Unidos, Todd Robinson. A tales extremos se llegó además, por una concomitante consecuencia de la mayor injerencia ejercida por su exvicepresidente Joe Biden, desde la ligereza de su “oportuna orden” de prorrogar el mandato aquél, dentro de las condicionantes de la acomodaticia estructura del “Plan para la prosperidad triángulo norte de C.A”, aunque continúe fuera de la lógica fundamental el que “eliminar aparatos clandestinos de poder armado”, sea equivalente a “combatir la corrupción a todo nivel.”
La presión concertada internacional entonces y el abuso de poder a nivel local extralimitándose en sus funciones, hace que aquí todo el que se identifique como miembro de la ONU, sea cual fuere su condición, termine violentando abusivamente el derecho de libre determinación de los pueblos, al meter a través de sus odiosos medios de comunicación y sistemas informativos previamente moldeados, la supuesta justificación dentro de la que, simultáneamente, un afrentoso y necio jefe de la Cicig Iván Velásquez Gómez insistía en la deducción puede hacerse de la suposición de que otorgada a la comisión que dirige, opción “de promover reformas de leyes para cumplir con su objetivo”,se incluye a la fundamental que para empezar, es muy claro que no permite acepción dentro de aquellas que se expresan en plural, como son aludidas en el mismo convenio de creación del ente anti-impunidad.
Así terminaremos este 2017 contemplando la forma en que se nos insulta y amenaza de parte de fanáticos y esclavistas revolucionarios de cuello blanco –bandoleros que abusan de sus inmunidades diplomáticas para asegurarse con saña sus propósitos nefandos— de encontrarse Guatemala en peligro de caer en situaciones aún más fatídicas que las propias de un estado fallido, tales como las que el mundo solo ha visto en Haití… ¡Si no se adoptan de inmediato sus geniales propuestas!
Es fácil sin embargo, ver en los antecedentes y consecuentes enunciados la prueba a todas luces, de los pavorosos extremos de descomposición en la organización internacional de países. Una muestra clarísima de tales extremos ha sido la forma en que se vio obligada a resolver hace pocos días nuestra Corte Suprema de Justicia –por lo que continúa recibiendo efusivos aplausos– el amparo que ordenó la suspensión del famoso “MANUAL ABORTISTA” violatorio de la Constitución y leyes guatemaltecas, que fue financiado y promovido nada menos que por el Fondo de Población de la misma ONU. En uso del referido instrumento de propaganda, fue que se emprendió una actividad también insultante a la dignidad nacional, desplegada de manera aviesa y en asociación ilícita —aprovechando esa manipulable verdadera laguna de aplicación de nuestro derecho positivo, que se da al pretender regular asuntos de la moral con categoría de derecho—por el procurador de los derechos humanos Jorge de León Duque, quien hace poco entregó el cargo. La reproducción y manipulación artificiosa e ilegal con el manual objeto de la sanción judicial sin embargo, continuaba siendo llevada a cabo como “actividad institucional” de esa procuraduría del Congreso, por el titular actual Jordán Rodas. Este, al intentar lavarse las manos sobre el caso quedó en evidencia por no haber suspendido la asociación ilícita instaurada en la oficina que asumió, porque allí se sostenían reuniones amenazantes con asistencia de una diputada ponente de la ley abortista paralela al “manual,”originada como es conocido y sabido, por la misma dependencia de Naciones Unidas…
Tampoco es secreto ni parece que pudieran los interesados en este asunto haber olvidado, las denuncias bastante continuas, que el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu hizo durante los ocho años de la infausta presidencia de Barack Obama en los Estados Unidos, sobre la traición que éste y su camarilla de gobierno protagonizaron al cambiar los objetivos de la única comisión bipartidista existente dentro de la Cámara de Representantes de ese país. Debe tenerse en cuenta el que luego de la creación del estado de Israel, lograda como lo podemos recordar por el voto decisivo de Guatemala en la Asamblea de Naciones Unidas, que conoció aquella importante propuesta una vez terminada la segunda guerra mundial, por primera vez en los Estados Unidos, se propuso integrar con semejante calidad ambivalente para republicanos y demócratas semejante comisión, que tendría como objeto el emitir dictámenes en cualquier período sucesivo de gobierno, siempre en el sentido de que la política de amistad y reconocimiento, así como la calidad de ser países aliados los Estados Unidos e Israel, debía permanecer desde la creación del mismo como invariable e incólume a través de los siglos. Se erigía una especie de negativa al mismo debate o encuentro de posiciones opuestas frente a tantas situaciones que pueden producirse y que exigen una reacción de la cámara de representantes en relación con el estado de Israel. Exigiéndose anticipadamente que no puede darse la divergencia por razones de partido político entre representantes, con relación a esa nación y su categoría como tal en el territorio que históricamente le pertenece. Tuvo un interés especial en la creación de aquella comisión el presidente Richard M Nixon, quien en uno se sus libros hace la salvedad de que dicha alianza Israelí-Estadounidense tenía como principal fundamento la natural idiosincrasia de los dos países, en cuanto a exaltar su común y acendrada vocación para la defensa de la libertad. Libertad con énfasis por cierto, en la económica para producir, desarrollar los países y comerciar.
Pero decimos que aquella propuesta original fue objeto de una traición, por cuanto la comisión fue sustituida durante la administración de Barack Obama, por una camarilla de representantes señalados por sus actuaciones políticas corruptas y aventureras, al embarcarse por acuerdos secretos con varios miembros del partido Demócrata, en la política de la “apertura hacia Cuba”. Una acción unilateral e inconsulta de la que fue encargado el representante Eliot Engel, hasta el punto del inolvidable viaje realizado por aquel presidente y su familia, hacia La Habana. Donde pernoctó y puso a la vista del mundo su antigua amistad con Raúl Castro, rememorando el papel de tantos años a cargo de su antecesor Jimmy Carter, quien prácticamente vivió en Cuba invitado por Fidel. Habiendo abierto la “Oficina de Negocios” que funcionaba en el edificio en el que, sin previo aviso, fue declarada mediante una festiva ceremonia de banderas a cargo del Secretario John F. Kerry “embajada” estadounidense en la isla, cuando el senado estadounidense ni siquiera se encontraba informado de las iniciativas de Obama en tal sentido. Ante a esta situación transgresora de elementales principios del derecho internacional, se presentó el escándalo en cuanto la equidad con la que deben ser tratados los países amigos y aliados. Puesto que mientras en Cuba llegaban a establecerse aunque de hecho, relaciones diplomáticas suspendidas por la agresión contra el mismo pueblo de Cuba protagonizada por la revolución, en gran parte violatorias del embargo existente, sin mayores exigencias sobre la necesidad de elecciones y respeto a los derechos humanos; en Guatemala, donde se dieron acciones conjuntas con los Estados Unidos en contra la invasión del castro-comunismo cubano, su “embajador” forzaba juicios bestiales en contra de exmilitares que defendieron la institucionalidad y el mismo Obama, viajaba a La Argentina para impartir lecciones sobre derechos humanos, en relación con hechos ocurridos hace más de cuarenta años…
Así que no podría haber sido distinto el grado de putrefacción que se enquistó dentro de Naciones Unidas, pues fue convertida en un antro de negociadores, quienes hacían de las suyas con los fondos del gobierno estadounidense bajo la venia de un presidente que se mantenía de viaje en países africanos, en los cuales ofreció programas de carácter político propiamente, pero que serían desarrollado por Naciones Unidas.
Pero llegó el día en que aquella carrera de desquicio y abierta destrucción de principios fundamentales invocados al fundarse la ONU, inicia un proceso de depuración. Puesto que con la sorpresa que aún no terminan de entender los enemigos de la democracia y la paz mundiales, es con el regreso del partido Republicano y Donald J. Trump en la Presidencia, que tal y como lo ofreció durante su campaña política, lleva a cabo el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y habla del traslado de su embajada hacia esa ciudad. Por lo cual hemos visto y oído los estertores del aparato periodístico socialista internacional, con los agentes políticos de “apertura” al nuevo orden mundial, desbarrar y confundir porque Trump cumple con su palabra empeñada, respecto de reconocer como ya había sido dictaminado en una ley de 1995 lo que por tanto únicamente se encontraba pendiente, pero convertido ya en acción dilatoria por la pérdida del consenso histórico manifestada sobre todo durante la administración de Barack Obama. Tal y como lo venía planteando Netanyahu, quien exigía además que los Estados Unidos cumplieran con esa declaratoria, en vista de la otra traición a la política de amistad de ésta nación con Israel protagonizada por el mismo presidente, al firmar con Irán un convenio sobre uso de energía nuclear, que niega rotundamente todos los acuerdos de gobiernos estadounidenses, que garantizan la seguridad e integridad territorial del estado de Israel.
Guatemala, ante el error inicial del gobierno que por medio de la Canciller Sandra Jovel decía fijar su posición sobre el asunto votando en contra de apoyar la iniciativa de reconocimiento de Jerusalén en la ONU, demostraba su permanencia en la línea diplomática en que la sumieron corruptos enemigos de Israel, como el neocomunista Fernando Carrera y su sucesor títere de Todd Robinson sin categoría diplomática, Carlos Raúl Morales. Pero se ha dicho que “es de sabios rectificar”. Por lo cual debe reconocerse el valor de la decisión dada a conocer por el presidente Jimmy Morales antes de la Navidad, enmendando el error original inconsecuente con la histórica posición de Guatemala como país amigo de Israel, con el voto a su favor del 21.12.17.
Se ha dado además, la oportunidad para una interpretación de carácter correctivo en el proceso de deterioro rampante que sufre la ONU, puesto que la rectificación del voto se produce después de que el Consejo de Seguridad del organismo diera a conocer cómo es que el mismo se encuentra infestado de burócratas de franca postura pro-terrorista, puesto que emprendió la anulación de la que había denominado “declaratoria unilateral” del presidente Trump. Por lo cual se produjo un teatral desafío que también dejó al descubierto la nula calidad moral de quienes realmente dirigen la ONU ante el que la embajadora de los EEUU en la ONU Niki Haley debió ejercer el derecho de veto de su país, para instaurar la cordura, como una continuación del aún reciente discurso del mismo Trump en la sede de la Organización en Nueva York, durante el cual le exigió al empedernido socialista ex-presidente de Portugal Antonio Guterres, el inicio cuanto antes de una reforma de la entidad de la que es secretario general, eliminando la burocracia inútil que continúa acarreando. Todo lo cual también explica el “trato preferencial” que se da en nuestro medio de parte de la Cicig y demás dependencias de la ONU a los sectores políticos emanados de los movimientos guerrilleros castro-comunistas y sus “propuestas de nación” violatorias de la Constitución guatemalteca. En otras palabras, también logramos comprobar con este evento plenamente, el tiempo perdido con una comisión anti-impunidad en Guatemala que no promueve justicia, desde luego que la parcialización de ésta anula su significado.





























