Por: Cristina Rozas-Botrán
Columnista de PERSPECTIVA
El arte moderno ha sido tema de controversia desde su concepción. Hay dos tipos de artistas modernos: los visuales y los conceptuales, y los dos han sido criticados ad nauseam por falta de técnica, escuela y hasta creatividad. No puedo generalizar, pero los grandes del arte contemporáneo sí contaban con estas carácterísticas, sin embargo, decidieron dejarlo atrás por una nueva estética. Estos hombres y mujeres son de admirar porque probaron algo que nadie había hecho antes, hasta el punto de sacrificar sus carreras. Las obras de Matisse, Picasso, y Van Gogh -por nombrar unos cuantos- trascienden movimientos y han logrado la inmortalidad. Sin embargo, grupos de pseudo artistas modernos se han dedicado a darle más notoriedad al tema.

El concepto anti-bourgeois del arte moderno se volvió irónico: ahora los artistas formaron un círculo elitista contra su propia audiencia».
Hubo un tiempo en donde el arte contemporáneo simplemente involucraba una estética nueva. Por ejemplo: Art Nouveau (caracterizado por su naturaleza, curvas, y ornamentos) influenció una propuesta lineal, moderna y geométrica; el Art Deco, donde el arte se caracterizaba por lo estético, y eventualmente llegando al surgimiento del arte moderno, movimiento en el cual el arte conceptual floreció. Este arte dictó que debía existir un propósito, un significado oculto que solamente los más dichosos podrían descifrar. El concepto anti-bourgeois del arte moderno se volvió irónico: ahora los artistas formaron un círculo elitista contra su propia audiencia. De este movimiento nacen los pseudoartistas del arte moderno: aquellos que piensan que simplemente por hacer algo controversial y en la mayor de los casos vulgar, pueden llamarse artistas. Lo único que han creado ellos es la ilusión de trascendender en lo efímero.
El maestro y escultor Pepo Toledo opina que “los excesos en el arte contemporáneo han llevado al mismo a un estado de anarquía y confusión”. Considero que nuestro alrededor es un lienzo, sin embargo, si empezamos a confundir cualquier mediocre intento de arte con Arte (énfasis en la mayúscula), la palabra pierde su significado.
Marcel Duchamp popularizó el termino “ready-made”, objetos cotidianos que prestan un significado más profundo, simplemente porque el artista así lo ideó. Su obra más famosa, titulada “La Fuente”, no es nada más que un urinal con una firma. Es cierto, movimientos como éste han sido válidos porque han servido de protesta contra el statu quo, pero no todo puede ser así. “Hoy en día en el arte conceptual dominan la mediocridad, la impericia, y la negatividad” afirma Pepo. Claro, falta decir que nadie sabe realmente cuáles de estos artistas llegaran a lograr algo de valor. Después de todo, creo que el verdadero valor de un artista u obra solo se puede ver en retrospectiva. Por ejemplo, fue hasta después de su muerte que Paul Cezanne fue aceptado y honorado como un artista de un nivel fenomenal.

No podemos calcular el impacto de una obra hasta que la veamos en un contexto historico. Entonces, todos estos pseudo artistas podrán proclamarse el próximo Duchamp o Cezanne, pero debe ser la historia la que los catalogue como verdaderos artistas, porque si no, se vuelve un triste intento de artista aquel que por sus mediocridades espera ser aplaudido, y cuando el silencio es el que se escucha es cuando deberían dimitir. En las palabras de Egon Schiele: “el arte no puede ser moderno, lo que tiene que ser es eterno”.



































