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jueves, abril 23, 2026

Las bases políticas y los compañeros de viaje: el problema de Biden y Arévalo

“Cuando el presidente Biden mostró apoyo a Israel, enojó a su base de la extrema izquierda. Lo mismo le pasó al presidente Arévalo cuando mostró apoyo a Israel y Ucrania”.

Por Nicholas Virzi

Los asuntos domésticos son los que más les importan a los votantes, en cualquier país se presente como una república democrática. Pero a veces los asuntos internacionales toman importancia de manera sorprendente. Cuando el presidente Biden mostró apoyo a Israel, enojó a su base de la extrema izquierda. Lo mismo le pasó a Arévalo cuando mostró apoyo a Israel y Ucrania.

No es poca cosa para Biden. Le podría costar la presidencia. El estado de Michigan es clave para su reelección y tiene una población musulmana de 2 millones. La congresista musulmana, Rashida Tlaib ha llamado a los musulmanes a no votar por Joe Biden, reporta USA Today. Tlaib es de la izquierda radical. Fue censurada por el Congreso por su discurso de odio en contra de Israel. Ella también fue la única representante Demócrata que no votó a favor de una resolución del Congreso para reconocer el derecho de Israel de existir. Lo mismo pasa con la derecha. A veces las bases extremas parecen que prefieren perder todo, con tal de ser más puristas que el Papa.

La política exterior de Guatemala

Recientemente, el presidente de Guatemala Bernardo Arévalo emprendió una rueda diplomática, reuniéndose con el presidente Isaac Herzog de Israel y el presidente Volodímir Zelensky de Ucrania. Arévalo también se reunió con muchos otros personajes de relevancia global. Antes de eso, su gobierno había aclarado que Guatemala no romperá relaciones con Taiwán.

La reafirmación del apoyo guatemalteco a Israel y Taiwán no debió sorprender. Ha sido pilar de la política exterior de Guatemala, que ha sido constante en el tiempo sobre estos temas. El apoyo a Ucrania es un tema más reciente, pero no fuera de la tendencia de política exterior de Guatemala de alinearse con el país que es nuestro principal socio comercial. Además, EEUU hospeda a millones de guatemaltecos, que mandaron alrededor de $20 millardos en remesas el año pasado.

De inmediato Arévalo fue criticado, especialmente por algunas facciones extremas de su base política en redes, por lo que se categorizaban como el sometimiento de Guatemala a la política exterior de EEUU. Ante un poco de reflexión y revisión, estas críticas caen en ridículo.

Para empezar, muchas de las voces de la izquierda que critican a la presente política exterior de Guatemala de seguir con la tendencia diplomática histórica de Guatemala por su presunta sumisión a los mandatos de EEUU son los que antes celebraban a la CICIG como fuerza de cambio en Guatemala. CICIG era de la ONU, pero su poder venía del respaldo que tenía de EEUU, hasta que ya no lo tuvo bajo el gobierno de Donald Trump en EEUU. Esto fue gracias en parte a los esfuerzos de acercamiento de parte del gobierno de Jimmy Morales en Guatemala, cosa que seguramente molesta a la izquierda guatemalteca.

Antes los críticos aceptaban cualquier subordinación de los intereses a largo plazo de Guatemala a los intereses extranjeros. Los herederos de la tradición, no solo guatemalteca sino latinoamericana, de criticar al imperio yanqui y culparle de todos los problemas de la región rápido pasaron a celebrar cualquier agravio a la soberanía del Estado de Guatemala. Pedían cada vez más injerencia extranjera porque percibían una ventaja en contra de sus rivales políticos domésticos. Varios hasta decían que el embajador Americano de aquel entonces era su presidente.

Para muchos, su feroz apoyo a la CICIG no tenía nada que ver con una presunta lucha contra la corrupción o una lucha a favor de la democracia. Simplemente, se querían apalancar del poder Americano (que odian) de manera transitoria para lograr sus metas políticas, derrotar a la “derecha”. Su compromiso con la lucha democrática en contra de la corrupción siempre fue oportunista. Esto siempre debió ser obvio. Bastaba con ver que estas mismas voces de #UnFuturoSinCacif también apoyaban a China, Rusia, y los extremistas islamistas.

La incongruencia e hipocresía de los activistas de la extrema izquierda en Guatemala hoy quedan evidenciadas en sus críticas al gobierno de Guatemala por mantener la política exterior tradicional de Guatemala.

Es imprudente y poco realista. Desde la perspectiva realista, no ha de sorprender que el señor Arévalo salga a apoyar a los países que el gobierno de EEUU señala como aliados importantes. La narrativa que se maneja desde DC es que EEUU ayudó a salvar a la democracia en Guatemala, presionando para que se respetaran los resultados electorales oficialmente declarados (Washington Post). Muchos de los mismos activistas que celebraban la influencia extranjera en los asuntos internos de Guatemala ahora esperan que el nuevo gobierno de Guatemala le de la espalda a las prioridades de los gobiernos que dicen que ayudaron al presente gobierno de Guatemala tomar poder.

Más incongruencia e imprudencia no se puede. Los retos de Arévalo son los mismos que afronta Biden. ¿Cómo condicionar las expectativas de las bases una vez en el poder? Ninguno de los dos es Donald Trump, que tiene la dicha que su base le cree y perdona todo. Las campañas son una cosa, pero la gobernanza es otra. Arévalo parece entenderlo. Salió a señalar por dónde iría su política exterior al inicio de su gobierno, cuando su capital político estaba al máximo. En eso le gana a Biden.

 

 

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