Por: Philip Wilson
El pasado sábado, 2 de junio, recibí una llamada del hijo de Fernando Mazariegos Anleu, anunciándome que su papá había fallecido en las primeras horas de la mañana. Cuando una persona se nos va de la tierra, uno pone en perspectiva la vida de la persona.
En el caso del Licenciado Mazariegos, el aporte que el le dio a la humanidad con el Ecofiltro es nada menos que extraordinario. Una persona que nació en Panajachel, Sololá y estudió en la universidad de San Carlos, llevó a millones de personas un invento increíble para purificar agua, la que seguramente ha salvado miles y miles de niños en África, Asia y América.
En el día de su muerte habían 59 fabricas en 38 países produciendo más de 2 millones de sus filtros anualmente. ¡Qué increíble!
Pero lo más lindo de esta persona era su humildad. Fernando fue una persona que conocí en los 90s cuando trabajaba en la fundación de mi familia que en ese entonces fue dirigida por mi hermana.
En el 2,010 cuando me involucré de lleno en Ecofiltro empecé a ver a Fernando con mucha frecuencia y nos volvimos buenos amigos. Cuando le preguntaba como había llegado a desarrollar este filtro maravilloso me decía que fue muchos años de investigación y fe en Dios. Era un científico que trabajaba con gran dedicación a su carrera y amaba la investigación hecho con profesionalismo y constancia. Tenía una gran ética personal y de trabajo.
La decisión más importante que él tomó fue donar esta tecnología a la humanidad. Fernando nunca recibió un centavo en regalías por este invento y siempre decía que su recompensa era saber que la tecnología se estaba regando por todo el mundo y salvando vidas, principalmente de niños. Materialmente no era dueño de ni siquiera un auto para transportarse, pero en lo que son buenas obras los tenía en abundancia.
Fernando Mazariegos era un gigante que con su gran sabiduría, entendió que es mejor ser millonario en buenas obras que millonario en lo material. ¡Esta actitud le dio paz y felicidad en esta vida y seguramente logró un buen espacio en el cielo!



































