En el corazón de Cobán, Alta Verapaz, la flor nacional de Guatemala volvió a ser el centro de atención. Horcalsa participó activamente en el IV Festival de la Monja Blanca, un evento que no solo rinde homenaje a este símbolo patrio, sino que marca un hito en su preservación con el lanzamiento del Libro de Oro de la Monja Blanca.
Redacción Perspectiva
La iniciativa busca integrar la historia, el talento local y el rigor científico para garantizar que la Lycaste virginalis forma alba continúe siendo parte del patrimonio natural del país.
Ciencia y cal: Aliados de la orquídea nacional
La participación de Horcalsa trascendió lo institucional para aportar valor técnico. Marcia Salguero, asesora del Centro de Investigación y Desarrollo (CID) de Progreso, explicó que la conservación de esta especie es un proceso complejo que requiere condiciones controladas y el uso de hongos benéficos para la germinación de sus semillas.

En este delicado ecosistema, la aplicación de cal en el sustrato juega un papel determinante. Este aporte técnico de Horcalsa ayuda a proteger y fortalecer el desarrollo de las orquídeas, demostrando cómo la experiencia industrial de la empresa se pone al servicio de la biodiversidad en regiones clave como las Verapaces y Quiché.
Compromiso con el patrimonio natural
Desde su declaratoria como flor nacional en 1934, la Monja Blanca ha representado la belleza y tradición de Guatemala. Para Horcalsa, formar parte de este festival es una extensión de su eje corporativo, que vincula la sostenibilidad con el respeto a la historia del país.

«Estos proyectos fortalecen el vínculo entre empresa, comunidad y patrimonio», destacaron representantes de la marca. Con estas acciones, Horcalsa reafirma su rol como aliado estratégico en la protección de los símbolos nacionales, uniendo la técnica especializada con la responsabilidad de construir un futuro que honre las raíces naturales de Guatemala.




































