En Qatar, como en cualquier régimen teocrático, existen tabúes que, de incumplirse, acarrean penas que en Occidente parecen exageradas. Este es el caso de un aficionado al fútbol que decidió abogar por la comunidad gay, corriendo por el campo con una bandera arcoíris, lo que le valió el arresto y por lo menos, seis meses en una cárcel catarí.
Redacción Perspectiva
Los jeques del petróleo y el gas natural consideran “normal” la poligamia masculina y el matrimonio forzado de niñas con hombres maduros. Por el contrario, tienen graves penas para los homosexuales.
Otras prohibiciones en ese país, pequeño en territorio pero muy poderoso en finanzas, son el consumo de alcohol, cerdo y sus derivados.
Visitar este lugar implicaría respetar sus costumbres y evitar las prohibiciones. Este no fue el caso del “fanático” de los derechos humanos occidentales, Mario Ferri, quien apenas cinco minutos después de iniciado el partido entre Portugal y Uruguay, saltó a la cancha portando la bandera LGBT para ser apresado casi inmediatamente.
Mensajes que salen caros
El fanático, con una camiseta azul que lleva impreso el escudo de Superman en el pecho, llevaba en la espalda el rótulo “Respeto para las mujeres iraníes” y al frente, debajo del escudo del superhéroe “Salven a Ucrania”.
Mario Ferri, el fanático de las causas prohibidas en este mundial, es un ex futbolista italiano que podría ser condenado por lo menos a seis meses de cárcel, informaron medios internacionales.



































