Como una enfermedad infecciosa el discurso de la plurinacionalidad y de la ancestralidad ha permeado en el discurso de quienes se asumen como de izquierda, aja, los que peinan suficientes canas y que antes propugnaban por el proyecto proletario ahora han cambiado y le han dado color a su propuesta de Estado Revolucionario.
Julio Abdel Aziz Valdez
El indígena o la idea de el como un ser moral un ser de luz siempre y cuando encuadre con la visión romantizada de la victima de las injusticias actuales que emanan del sistema que es ladinocentrico, (además de ser patriarcal según las feministas)
Las reivindicaciones culturales en principio no tendrían nada de negativo si detrás de ellas no hubiera toda una andanada de reclamos que plantean no solo la excepción ante la ley sino las reparaciones interminables, o la justificación de actos delictivos.
Ahora resulta que la ancestralidad escupe sobre el principio del respeto a la propiedad privada para reclamar territorio sagrado, que no es más que introducir en el suelo como una estaca a los campesinos y no permitirles que salgan de su realidad. La izquierda plurinacionalista retoma el tema de la reforma agraria, pero desde la visión cosmogónica, ya no es el reclamo de “la tierra para el que la trabaja” sino “la tierra es de nuestros ancestros”.
En realidad, a la izquierda le importa poco salir de la pobreza porque la tierra distribuida por revolucionarios a lo largo de Hispanoamérica jamás fue en propiedad sino en usufructo, de haber sido dada en propiedad esta prontamente hubiera cambiado de mano como ha sucedido a lo largo de los últimos 70 años. La propiedad ancestral es colectiva por lo que solo tiene sentido mientras exista esa idea romántica del “todos para uno y uno para todos”, lo que plantean nuevamente es condenar al campesino a la tierra.
Las invasiones promovidas por gente inescrupulosa, delincuentes con discurso, que ahora hacen uso de los conceptos “ancestral y plurinacional” solo intentan hacer dinero o ganar votos con el ciudadano más desprotegido e ignorante. Esta ancestralidad dice, en otras palabras, que los indígenas inamovibles en el tiempo igual lo están en la tierra, por lo que a ella pertenecen y solo ellos la pueden administrar y/o usar, incluso podrían llegar a afirmar que quienes siendo indígenas la poseen en propiedad y la venden u explotan en forma capitalista no hacen más que traicionarlos, así de retorcido es el fanatismo esencialista, porque el indígena devenido en maya solo puede ser en colectivo en lo individual es inconcebible.
Pero ¿Existe la ancestralidad? Si le preguntan a un antropólogo fácilmente podría afirmar que esta es una concepción que tienen algunas personas, o vaya, algunas comunidades, referido a su relación con el pasado idealizado o con las personas que les anteceden convertidas estas en ancestros y estos a su vez definen su devenir actual desde el pasado, una vez más, idealizado. Lo ancestral es una realidad en la medida que los que creen en ella le dan validez, si aplicamos este concepto a quienes ostentan la propiedad privada legal, por obvias razones ha dejado de creer en la herencia del cosmos para convertirla en herencia legal, que es a la que aspiramos todos en un país libre, pero los etnicistas en realidad lo que desean es, como la izquierda empobrecedora, es despojar al campesino pequeño propietario de sus sueños de salir de la pobreza a través de vender su propiedad o bien acceder a ella, la colectiviza bajo argumentos espirituales inventados.
La ancestralidad ha sido la excusa espiritual que sustenta la propuesta de una nación plurinacional donde no exista la propiedad privada o vaya, que esta sea devuelta a sus “verdaderos dueños” ¿Quiénes? Pues los que la “perdieron” en el tiempo pasado o sea sus ancestros, y vaya que la perdieron cuando el régimen de propiedad comunal dio paso al privado que dicho sea de paso saco de la miseria a millones y los convirtió en ladinos.
Detrás de cada reivindicación hay políticos y académicos que manipulan la realidad para que cuadre como en el discurso que moviliza y utiliza la pobreza de los pobres para sus fines.






























