La vida inicia con la concepción, dicen las integrantes de la organización Sí a la vida, quienes mensualmente apoyan a cerca de 40 mujeres con embarazos en crisis, (incluyendo casos de violación). El apoyo psicológico, médico, legal y económico que esas mujeres reciben les permite convertirse en madres quienes poco tiempo después, manifiestan que tener a sus hijos fue la mejor decisión que pudieron tomar.
Equipo editorial Perspectiva
El miedo es el primer sentimiento que una joven o mujer de cualquier edad suele tener ante un embarazo no planificado, cuenta Andrea, quien hace diez años terminó sus estudios universitarios y viajó fuera del país para estudiar un posgrado.
“Al terminar la maestría, había conseguido un contrato de trabajo en un país de mayoría musulmana. Entretanto, mi novio italiano me invitó a pasar las vacaciones recorriendo varios lugares de Europa y fue entonces cuando resulté embarazada. Lo primero que sentí es que mi carrera iba a ser truncada”, recuerda.
El embarazo le haría perder el contrato laboral. “Además, no estaba casada y en esa cultura no se acepta la maternidad en soltería. Los primeros días no le conté a nadie, ni siquiera al padre de mi hijo. En algún momento pensé en no tener a ese bebé. Varios países europeos tienen legalizado el aborto, pero siempre tuve conciencia de que la vida empieza en la concepción. No me sentía capaz de encargarme de otra persona, quería desarrollarme como profesional y sentía que ese embarazo me estaba truncando la vida”.
Andrea atravesó todas las dudas y temores que sienten las mujeres al enterarse de un embarazo inesperado. Sin embargo, sus convicciones y principios fueron más fuertes que los temores y se decidió a hablar con su novio, quien reaccionó con mucha alegría. “Ese apoyo inicial me tranquilizó, aunque luego el decidió no ser parte de la vida de mi hijo. Nos separamos y sé que es mejor estar sola que mal acompañada. También sé que al tener a mi hijo, tomé la mejor de las decisiones. Esto lo supe desde que pude escuchar su corazón latiendo en los exámenes y cuando vi su imagen en los ultrasonidos”.
Aunque su vida cambió radicalmente, no truncó su carrera profesional, como temía al inicio del embarazo. Cambió de profesión, pero su carrera ya no es tan importante como lo creía. Actualmente, Andrea disfruta de su trabajo y de su hijo. “Nadie puede decir que tiene en sus manos la vida de un hijo por nacer. En mi caso, tomé decisiones y aprendí a responsabilizarme por las consecuencias de esas decisiones”, concluye.
La importancia del apoyo
Sí a la vida es una organización no lucrativa que apoya a mujeres en diferentes situaciones pero con un problema común: embarazos en crisis. Muchas son madres de familia que habían pensado no procrear más hijos. Otras, como Andrea, son jóvenes profesionales que comienzan sus carreras y lo que menos quieren es embarazarse. Y también acuden en busca de apoyo mujeres y adolescentes que fueron violadas.
Teresa Hurtarte es la encargada de la asistencia en línea de esa organización, que cada semana atiende por lo menos 25 casos en su página http://sialavidaguatemala.org/ o en el facebook de la organización “Se logran concretar entre 10 y 15 citas y alrededor del 90 % de las atendidas deciden tener a su bebé”, cuenta Hurtarte.
El apoyo que Sí a la vida ofrece a las mujeres es integral. “Lo primero que hacemos es conocer la situación que están atravesando, la complejidad de cada historia”, dice. Dependiendo de esto, pueden recibir atención psicológica o médica. Según narra, algunas mujeres llegan después de haber intentado un aborto.
Estos casos son remitidos a médicos que forman parte de esta red de apoyo y analizan la condición del nonato. Muchas reciben atención médica durante todo el embarazo, se les apoya en la asistencia del parto y si lo necesitan, también con ropa y otros implementos para el bebé.
Los embarazos críticos más dramáticos son los que resultan de una violación. “Algunas de las que llegan han sido abusadas por familiares. Lo primero que se hace es separarlas del agresor y llevarlas al Ministerio Público a que pongan la denuncia. Esto es fundamental. Si el abusador es un desconocido, es vital que las autoridades lo localicen y capturen. Cuando se trata de alguien de su círculo, para que no vuelvan a tener contacto con el violador se les lleva a un hogar de acogida, donde en ocasiones hay hasta 10 futuras mamás”, dice Hurtarte.
Algunas de las mujeres que fueron víctimas de violación deciden dar a sus hijos en adopción. Para ello, Sí a la vida tiene contacto con el Consejo Nacional de Adopciones, que se encarga de los niños candidatos a la adopción. Pero la gran mayoría de estas mujeres, independientemente de la edad o condición que tengan, deciden conservar a sus pequeños y muchas de ellas, envían las fotos de sus hijos a la página de la organización, con cartas de agradecimiento por el apoyo que recibieron para tomar la mejor de todas las decisiones: aceptar y asumir la maternidad que llegó a ellas de manera inesperada.






























