Julio Abdel Aziz Valdez
Recuerdo ahora que antes vinieron personajes como Axel Kaiser o Javier Milei y otros grandes intelectuales a Guatemala, traídos por la Universidad Francisco Marroquín, como parte de la formación de sus profesionales y también como una declaración política, vaya si no.
Igual la Universidad de San Carlos de Guatemala se ha distinguido por muchísimo más tiempo de tener este tipo de iniciativas solo que desde espectros políticos o gnoseológicos diferentes, vaya hasta se han concedido Doctorados Honoris Causa en contextos también declarativos.
Por su parte el musculo intelectual de la ONG´s locales lo han hecho, ejemplo la famosa antropóloga argentina Rita Segato quien no solo vino a dictar conferencias sino a servir de perito en el juicio de Sepur Zarco a favor de la parte acusatoria contra los militares acusados de violaciones durante el conflicto armado interno, esta intelectual concuerda con la presencia casi permanente de Marta Elena Cassaus Arzú o de Carlos Figueroa Ibarra, ambos que ostentan la nacionalidad guatemalteca pero toda su formación profesional ha sido afincada en logros internacionales, en círculos académicos correctivos de izquierda, no se puede obviar su aporte discursivo en infinidad de movilizaciones sociales de organizaciones etnicistas, feministas, y agraristas (aun).
Las pocas luces y la carencia de espacios de discusión intelectual en Guatemala, producto de la intolerancia sostenida por décadas, ha provocado que los centros de producción de pensamiento florezcan en floreros distantes, donde no se interrumpen unos a otros aun cuando los unos y los otros constantemente hacen referencia a sus contrapartes.
Es así que, unos días después de un desastroso y vandálico 8 de marzo en la ciudad de Guatemala, arriba el politólogo argentino Agustin Laje, ampliamente conocido en todo el continente, traído por la Asociación la Familia Importa AFI, para que dictara una serie de conferencia sobre el impacto del globalismo y de la ideología de género en todo el continente.
A diferencia de otros intelectuales que han pasado por estas tierras el impacto de Laje fue diferente, porque por primera vez la ortodoxia de izquierda se vio en la necesidad de comentar su presencia y es que no fueron pocos los que atendieron el llamado a la reflexión del daño del feminismo a la misma estructura familiar.
Se rompió el cerco, esas barreras levantadas a partir del encumbramiento moral que la intelectualidad feminista y de izquierda ha pretendido tener al asumir la voz de los y las “oprimidos” pues finalmente fueron desnudadas como el Rey frente a su pueblo, Laje y la AFI sacaron al intelectual de su círculo de autocomplacencia y lo llevo al plano de público donde las batallas se habrán de librar con argumentos y no con performances y violencia con que la izquierda está acostumbrada a actuar.
Les confieso, más allá de los argumentos y la información valiosa que Laje nos compartió y que sirve muchísimo a quienes compartimos las mismas luchas, el hito histórico que su visita dejado es que finalmente entendemos que la izquierda no genera conocimiento, genera emociones y discursos y sobre ellos pretende manipular a la opinión pública de ahí que alguien en el uso de los argumentos claros y sin ambigüedades pueda, con el uso de la razón, proporcionar a la opinión pública el fundamento para rechazar al gorilismo del feminismo y del etnicismo autoencumbrados como representantes de colectivos inexistentes y de falsas moralidades.
El hueco hecho en la valla intelectual debe profundizarse y en esta batalla de ideas arrebatar de una vez por todas la falsa idea que la izquierda es sinónimo de la construcción de pensamiento.































