Por Julio Abdel Aziz Valdez
¿Cuántas personas de un colectivo se necesitan para determinar que dicha agrupación es representativa? Pues si se necesita una cifra, podríamos acudir a la siempre confiable estadística que afirma que:
La representatividad se define como la capacidad de un subconjunto de presentar iguales características a las del conjunto completo
Es obvio que cuando ese subconjunto no presenta iguales características a las del conjunto completo pues deja de ser representativo. Es bueno comenzar a abordar este tema pues estamos hablando de estudiantes universitarios que tienen un mínimo de formación académica que desean anteponer para que sean aceptados como subconjunto.
En fin, de estas últimas semanas han sucedido una serie de manifestaciones públicas, al inicio con el objetivo de impedir la aprobación del proyecto de presupuesto de ingresos y egresos de la nación para el año 2021, aduciendo que la forma opaca como se había aprobado, que es cierto, y luego de que algunas partidas de atención a la pobreza habían desaparecido, de las manifestaciones se pasó a la acción vandálica y lo que sucedió después es de conocimiento público.
El presupuesto se invalidó, y siguieron las protestas, para defender a la Fiscalía Especial contra la Impunidad, para promover una constituyente que de paso a otra carta magna con enfoque plurinacional y antipatriarcal, abiertamente antidemocrática y racista, vaya para que sean destituidos funcionarios acusados de brutalidad y corrupción, en fin, muchos ítems que forman parte de un programa para la revolución, una sin armas al menos por el momento. Ojo con esto, no que apañemos la enfermiza corrupción del Estado pero al parecer las manifestaciones ya no van por disminuir ese Estado sino por asaltarlo como se intentó hacer a lo largo de tres décadas casi, con las armas en la mano.
Entre los grupos que levantan pancartas los universitarios, un colectivo que ha sido parte de la constante de estos movimientos al menos en los últimos 70 años, vaya, desde lo acontecido en 1944. En veces dicho colectivo ha sido más numeroso y otras, como el actual es muy pero muy insignificante en términos numéricos, pero asumen una representatividad no adjudicada por razones políticas en tanto que sus sponsors ansían que esos grupos sean legítimos o por lo menos así puedan ser presentados por la prensa que tanto los alaba y les adjudica inexistentes representaciones para justificar las presiones mediáticas sobre el poder.
Por si fuera poco, de los colectivos universitarios sancarlistas siempre presentes, se ha producido un fenómeno interesantísimo, que se vio por primera vez en el año 2015 en forma aislada, pero ahora ha cobrado notoriedad, grupos de estudiantes de universidades privadas, algunas de ellas de élite como es el caso de la Rafael Landívar y Del Valle de Guatemala.
Es necesario puntualizar que el hecho que aparezcan mantas con los nombres de estas empresas no necesariamente confirma el hecho que hayan “estudiantes activos” en tales manifestaciones, la misma lógica aplica para la San Carlos de Guatemala pero es mucho más probable que así sea por el historial, aun así salta a la vista que esos colectivos de la universidad estatal son los menos representativos por la cantidad ínfima de quienes se presentan frente a la enormidad de la población estudiantil en donde por cierto existen infinidad de posiciones políticas e ideológicas, es un mito o mejor dicho un gran embuste la afirmación que por ser estudiante o docente sancarlista es por definición marxista o debe serlo para tener ese valor agregado de “conciencia social” que no es más que una visión romantizada cimentada por grupos políticos que se disputaban este ente estatal para poder ejercer su micropoder.
Por otro lado, están esos pocos jóvenes de esas universidades privadas, cuya explicación resulta más fascinante. Estos chicos que van a manifestar, con el aval y apoyo de sus padres obviamente, forman parte de una nueva generación de hijos de políticos y funcionarios que están convencidos que la universidad estatal ha dejado de ser una alternativa de formación profesional pero sobre todo saben que la formación política universitaria es un mito, por lo que el momento coyuntural les cayó como anillo al dedo, el ponerse en la calle con una manta asumen que es el equivalente a formarse políticamente, esta parte muy pequeña de esa burguesía puede pagar mas de 2 mil quetzales (mínimo) al mes por concepto de colegiatura está convencida que por imponer sus posturas políticas actuales, vale la pena el vandalismo, la mentira y manipulación.
Estos universitarios que se presentan con una sola pancarta en la realidad son tan diferentes como de que unos pagan una colegiatura de 100 quetzales al año, dinero que no cubre ni los costos por el uso de parqueo en una de esas universidades privadas al mes, y luego otros que pagan al mes lo que muchos ganan como salario al mes, pero contradictoriamente ese grupito de “consecuentes” estudiantes de la universidad estatal salen dos o tres veces más caros que aquellos cuyos padres pagan esa colegiatura de más de 20 mil al año.
Más allá de esta paradoja, están los sponsors de la sedición que asumen discursivamente que en la medida que hallan mujeres, indígenas y estudiantes (desafortunadamente para ellos ya no hay obreros ni campesinos porque estos están ocupados trabajando) al menos en forma simbólica, las expresiones de repudio mágicamente se convierten en legitimas, legales, y hasta bendecidas por Dios (también esta el sector religioso tan representativo como esos mismos estudiantes)
En fin, afortunadamente el derecho a la manifestación es fundamental en toda democracia, otra cosa es que dichas manifestaciones sean lo que dicen ser, para eso estamos los cientistas sociales que señalamos lo que para los periodistas no es obvio, la tremenda manipulación de la realidad con fines políticos que manipula imaginarios movimientos sociales necesarios para canalizar sus agendas globalistas.


























