George Floyd era un jugador destacado de fútbol americano cuya familia pide justicia pero exige que pare la violencia. El agente que lo asfixió, Dereck Chauvin, tenía más de 18 denuncias por mala conducta. Y Donald Trump, uno de los mandatarios más polémicos en la historia reciente de EE.UU., se enfrenta a un momento extremadamente complicado, donde la pandemia se encuentra con disturbios que según algunos analistas, podrían ser orquestados políticamente.
Redacción Perspectiva
En el estallido de violencia que ha afectado a más de 40 ciudades estadounidenses hay tres actores centrales: el presidente Donald Trump, ante la coyuntura más complicada de su gestión; George Floyd, el afroamericano que murió asfixiado durante un acto de abuso policial y Dereck Chauvin, el policía que fue acusado de homicidio y se encuentra en una cárcel de máxima seguridad.
Para conocer un poco más de estos personajes fundamentales en la crítica situación que afecta a más de cuarenta ciudades estadounidenses, Perspectiva recopiló datos en varios medios internacionales.
Floyd: deportista, rapero y convicto rehabilitado
George Floyd fue un atleta destacado durante su época de estudiante, cuando jugó fútbol y baloncesto, deporte por el cual obtuvo una beca en la Florida State University. Abandonó sus estudios universitarios para dedicarse al rap, con el nombre de Big Floyd.
Por su estatura que superaba los seis pies, era conocido como “gigante bueno”. Sin embargo, purgó cinco años en prisión luego de que en 2007 fuera acusado por robo a mano armada en Houston. Al salir de la cárcel, se mudó a Minneapolis, donde trabajó como guardia de seguridad en una tienda, conductor de camiones y portero en un establecimiento llamado Conga Latin Bistro.
Durante su rehabilitación se convirtió en un hombre profundamente religioso y promotor de la paz, como declararon a los medios el pastor de su iglesia y el propietario del establecimiento donde trabajó. Dejó en la orfandad a una niña de 6 años.
El 25 de mayo, Floyd compró una cajetilla de cigarros en una tienda. El empleado creyó que el billete de US$20 con que pagó era falso y Floyd fue señalado. Según los policías que participaron en el arresto, se negó a ser esposado por lo que el agente Dereck Chauvin lo sometió en el suelo y puso su rodilla sobre el cuello de Floyd. Pese a que este se quejó de que no podía respirar, lo mantuvo así varios minutos hasta que falleció. Según la autopsia, esta fue la causa de su muerte.
Los familiares de Floyd insisten en pedir justicia severa contra el agente acusado de homicidio, pero al mismo tiempo han lamentado los disturbios que presuntamente se originan en la indignación por la muerte de Floyd, quien al ser pacifista no hubiera avalado los actos vandálicos que se amparan en la injusticia cometida en su contra.
Un policía con antecedentes de violencia e impunidad
Actualmente en una cárcel de máxima seguridad acusado de homicidio en tercer grado, Dereck Chauvin tendrá audiencia judicial la próxima semana. En 2006, durante un operativo, fue uno de los seis oficiales que dispararon 43 rondas en cuatro segundos contra el conductor de un camión que era buscado por violencia intrafamiliar.
El individuo, llamado Wayne Reyes, murió inmediatamente y los agentes aseguraron que les habría apuntado con una escopeta. El departamento de policía no aceptó que estos agentes dispararon y la fiscalía no acusó a ninguno de los participantes en ese hecho.
Chauvin también había acumulado por lo menos 18 denuncias por mala conducta y otras dos veces, había disparado a sospechosos. Llamados de atención por escrito fueron las respuestas a sus extralimitaciones.
Luego de conocerse el homicidio de Floyd, la esposa de Chauvin, Kellie Chauvin, ex reina de belleza con rasgos orientales, pidió inmediatamente el divorcio, que ya está tramitando. Kellie también presentó sus respetos a la familia de Floyd.
Trump, en la encrucijada
Entretanto el hombre más poderoso de Estados Unidos, Donald Trump, trata de salir airoso de una crítica situación que, según ha mencionado más de una vez, no se origina en la indignación por la muerte de Floyd sino constituye una acción vandálica orquestada políticamente, que él calificó como “deshonra”.
El mandatario anunció un despliegue masivo del Ejército para detener “los disturbios, los saqueos, el vandalismo, los ataques y la destrucción gratuita de la propiedad”, dijo poco después de que fuera incendiada una iglesia ubicada a pocos metros de la Casa Blanca.
Trump habló desde el frente de la iglesia histórica quemada, con una Biblia en la mano. Pese a que existen muchos elementos para creer que en este caso la razón está de su parte, los efectos de las protestas podrían ir mucho más allá de la justicia por la muerte de Floyd y tener repercusiones negativas para la reelección del mandatario, a quien también se señala por aparente mala gestión del COVID-19.






























